"¿Quieres ir al pre-estreno de Blancanieves?"

Viernes, 9 de marzo


Hoy termino la semana con un plan de ocio: ¿os apetece ir al cine? Parece que están de moda las reediciones de películas de nuestra infancia en la gran pantalla y esta vez le ha tocado el turno a una de Disney, Blancanieves. Sólo que la malvada bruja no lo parece tanto (o, al menos, tiene sentido del humor) y la princesita indefensa es menos bobita, por lo que se deduce del tráiler.

Como muchas chicas de mi generación (que, para quién no controle mi edad, nací a mediados de los ochenta), yo esperaba ansiosamente que se acercaran las navidades que traían consigo el estreno del correspondiente largometraje animado de la Disney. No puedo aseguraros cuál fue la primera que vi. Tengo un vago recuerdo de La Sirenita, pero por la fecha de estreno, igual era demasiado pequeña para enterarme de algo. En cualquier caso, he sido una fan total de las historias de amor de Bella, Jasmine, Pocahontas, Esmeralda y sus sucesoras.

Y, claro, con tanto romanticismo en vena, la imagen que te creas de las relaciones entre canción y canción tiene poco que ver con la realidad. Sin entrar en que los hombres son unos valientes, abnegados e hiperpendientes machos que acabarán salvando a su mujer porque para eso están. O que ellas, frágiles y hermosas, tienen que rendir cuentas por sus virtudes a malos, malísimos que no soportan que sean así (y mucho menos que canten tan bien). Estoy de acuerdo con esos argumentos, pero son las típicas críticas a este tipo de films.

Me refiero más bien al modelo de relación que se crea entre la pareja de protagonistas. Concretamente, se utiliza la palabra 'amor' con demasiada gratuidad, cuándo sólo ha habido una mirada o una conversación. O, en ocasiones, ni eso. ¿Cómo puede un hombre dar un beso de "amor verdadero" a una mujer con la que apenas había tenido un par de diálogos (lo más probable es que fueran en forma de canción)? Es, simplemente, inviable.

Y pasamos de las relaciones idílicas (él bebe los vientos por ella y ella será para siempre su mujercita) a las tormentosas. Muchas parejas se pasan toda la película en un tira y afloja de 'estoy enamoradísimo de ti (después de oírte cantar, claro), pero nuestra relación es imposible porque eres un canalla y/o porque te quiero demasiado para estar juntos (¡¿?!) y/o porque el mundo está contra nuestro amor'.

Por eso, a pesar de haber saboreado cada minuto de aquellos largometrajes, a pesar de haber berreado sus canciones a voces en los viajes de familia (claro que yo no canto como todas las mujeres de las películas, otra prueba más de que no todos los cuentos de hadas son verdad) y a pesar de haber soñado que esas escenas, tan románticas, tan bonitas, tan tiernas, se repetían conmigo, intentaré que mis hijas no crezcan con ellas.

Siento cortarles las alas en el mundo del las princesas y no permitirlas que vivan en un castillo, esperando a su príncipe azul. Creo que el mundo de la fantasía tiene mil puertas y justamente esa, la de las relaciones fraudulentas, no es la mejor para una pequeña que realmente tiene por delante el descubrimiento del "amor verdadero".

Hasta el lunes, a las ocho.

3 comentarios:

Laura dijo...

Las pelis para mujeres adultas no se quedan atrás. Yo aún sigo echándoles la culpa a Bridget Jones y a su diario de las altas expectativas que ha levantado Mark Darcy.

Blanca Vielva dijo...

Y esa todavía es medio creíble... Ahora no me sale ninguna, pero hay una barbaridad que son para mear y no echar gota.

Laura dijo...

Oficial y caballero, Ghost, Moulin Rouge, Pretty Woman... ¿sigo?

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