"Tengo superpoderes pero no los uso porque no es el momento"

Martes, 19 de enero

Una semana y un día después de mi último post, confirmo que el nuevo año no ha cambiado la disposición habitual del tiempo y el espacio. O sea, que el día sigue teniendo 24 horas y yo aún no poseo el don de la ubicuidad.

Por hacerme la interesante, voy a pensar que pertenezco al grupo de Facebook al que se han unido unas amigas: "Tengo superpoderes, pero no los uso porque no es el momento". Y cuando los utilice, os cuento.

Nos vemos mañana, a las ocho.


"¿Cómo te las has arreglado para llegar hoy al trabajo?"

Lunes, 11 de enero


Casi un mes después de mi último post, vuelvo a la rutina. Eso sí, con un escenario completamente blanco al otro lado del ventanal de la oficina algo que, quieras que no, alarga la sensación vacacional de las Navidades que acaban de terminar.

Respondiendo a la pregunta de lainformacion.com, yo sí he conseguido llegar al trabajo. Mucho mérito tampoco tiene porque vivir a dos minutos andando, sin tener que cruzar ninguna carretera, facilita mucho las cosas. De todas formas, si existiera, me uniría al grupo "Yo también vi el especial 'Gran Nevada' de Telemadrid a las doce de la noche por si me decía que no podía ir a trabajar". Solidariamente, claro. Es lo que tiene que tu novio trabaje en Alcobendas, esté de turno de mañana y no tenga ni puñeteras ganas de ir al curro.

Pero volviendo a mi persona (ya que es mi blog, hablo de mi, no te fastidia), esta mañana he disfrutado esos dos minutos de trayecto, alargándolos hasta los cuatro, mientras buscaba los huecos libres de pisadas en el manto blanco de la acera, para ser yo la primera que los estrenaba con ese 'croc, croc' que hace la nieve al pasar sobre ella.

Porque la nieve tiene ese efecto, te vuelve bucólica. Sin darte cuenta, te encuentras tarareando alguna canción de Sinatra mientras caminas de una manera distinta a la habitual que, aunque en tu borrachera de felicidad post-nevada pueda resultarte entrañable, para el resto de los mortales con los que te cruzas es más bien cómica.

Y piensas en lo bonito que está todo. Lo maravillosa que es el polvo blanco de cinco centímetros que cubre todo. Lo curiosos que resultan los árboles sin hojas, bañados de nieve. El silencio vacío que hay en la calle, como si las nubes hubieran cerrado el cielo, convirtiéndolo todo en un recinto estanco. Y si un resbalón no jode tu melopea meteorológica, llegas al trabajo más feliz, como si realmente la nieve hubiera mejorado tu vida y la hubiera hecho más dulce.

Ahora, dos horas más tarde y con el sol calentando la capa que queda sobre los coches y las aceras, me doy cuenta que la nieve no mejora nuestra vida, pero sí que cambia nuestra rutina. Y qué queréis, estrenar el primer día de trabajo con una sonrisa en la cara, se agradece, sobre todo teniendo en cuenta los tiempos que corren.

Feliz vuelta a la rutina.

¿Nos vemos mañana, a las ocho?

¡¡Feliz 2010!!

Lunes, 21 de diciembre


Después de casi un mes sin escribir, retomo este blog recurriendo a mi excusa más socorrida (y real, por otra parte) para explicar por qué no he publicado ningún post: no he parado de trabajar. Eso sí, lo confieso, el día 15 de diciembre cerramos la oficina por vacaciones y, desde entonces, he dejado a un lado todo lo que me recuerde a la empresa para recuperar unas Navidades tan largas como las de los escolares.

Pero antes de desconectar del todo, hoy, a las seis de la tarde, escribo el que puede que sea el último post de 2009 para despedirme de quienes me leéis. Volveré, seguro. De momento, quiero descansar.

Os dejo con el video felicitación que hemos hecho en nuestra empresa. Espero que os guste.

Me encanta despedirme así: hasta enero, a las ocho.


"Noticias en tiempo real"

Jueves, 3 de diciembre


Mientras ojeo las noticias que aparecen en mi tablón, una de mis amigas-socias-compañeras de trabajo despotrica, desde la silla que está detrás de mi pantalla del ordenador, que está cansadísima y no sabe ni a qué día estamos. Dice que se le ha hecho la semana eterna y eso que sólo estamos a jueves.

"¿Tú te crees -salta- lo que he soñado hoy?" Y ante mi cara de 'paso mucho tiempo contigo, pero aún no compartimos sueños', suelta, indignada: "¡Que me regalaban tiempo!".

Pues sí, muy en la línea de lo que publiqué a principios de semana, estamos tan saturadas de curro que nuestro subconsciente nos quiere regalar una o dos horas para que las utilicemos como queramos.

Y así, en el fondo deseamos que las 'Noticias en tiempo real', puedan ser en tiempo ficticio (o regalado) y poder disfrutar de una buena siesta sin remordimientos, una comida tranquila o un café de charla interminable, saboreando cada segundo con mis amigas-socias-compañeras de trabajo.

Estaré por aquí mañana (viernes, por fin) a las ocho

"En algún lugar de China"

Miércoles, 2 de diciembre


Hoy no tengo tiempo para contar nada, así que aprovecho la recomendación de uno de mis contactos para que veáis un vídeo muy chulo.


En Algun Lugar de China from En Algun Lugar de China on Vimeo.

Espero extenderme más mañana a las ocho.


"A dormir"

Martes, 1 de diciembre

Hace 8 horas, uno de mis contactos de Facebook informaba a la comunidad que se iba a dormir. Ésto es algo que nunca he entendido del todo porque, si tienes sueño, te vas a la cama y punto, no es necesario que lo proclames a los cuatro vientos. En cualquier caso, abrir internet por la mañana, con los ojos legañosos y sin haberme acostumbrado aún a la luz, y ver que alguien está durmiendo es doloroso...

Y aún más cuando nos espera un día muy largo, que incluye ilustrar a la sociedad sobre cómo vestirse como el famoso que adoran. Apasionante, ¿eh? Pues sí, ésto es lo que hacemos cada día. Y elegido por nosotras, ¿eh?

Os dejo con la promesa de contaros el chiste de un francés, un italiano y tres españolas en una oficina de treinta metros cuadrados, a petición de mi amiga parada.

Nos vemos mañana, a las ocho.

"Las claves para entender el día que comienza"

Lunes, 30 de noviembre

Sí. Llevo una semana sin publicar nada. No. No he estado de vacaciones y a las ocho estaba todos los días en la oficina, pero no he tenido tiempo ni para enlazar un vídeo asqueroso de Youtube. ¡Qué sí! ¡Sí he hecho un hueco para mirar mis redes sociales y crearme un acuario en Facebook! Y no... No he publicado un post para contároslo...

¿Y sabéis qué semana me espera? Al estilo de lainformacion.com, éstas son las claves para entender los días que comienzan:
  • Adoptar, la revista de la Federación de Asociaciones de Adopción Internacional, llega a imprenta el próximo miércoles (con suerte)
  • Blanca acude a la oficina de la vivienda para reclamar su ayuda de 210 euros (juju, después de un año, voy lista)
  • La empresa de Blanca y sus amigas-socias-compañeras de trabajo felicita las Navidades con un bonito vídeo (o christma de Cruz Roja, según se dé)
  • Blanca se renueva el DNI después de haberlo perdido hace meses, durante los cuales también se caducó (no comments)
  • La empresa de Blanca y sus amigas-socias-compañeras de trabajo terminará de entregar un proyecto el próximo 11 de diciembre (que implica la grabación de muchos vídeos, su montaje y su locución)
  • Blanca firma el nuevo contrato de alquiler del piso, renovado hace dos meses
  • Blanca y sus amigas-socias compañeras de trabajo terminan los trámites de modificación de los estatutos de su empresa
  • Blanca y sus amigas-socias-compañeras de trabajo se tiran de los pelos
  • Blanca y sus amigas-socias-compañeras de trabajo eligen sus nuevas tarjetas de visita
  • La empresa de Blanca y sus amigas-socias-compañeras de trabajo compra las cestas de Navidad (como las compañías de verdad, ¡bien!)
  • Blanca y sus amigas-socias-compañeras de trabajo se toman un pincho de tortilla para dejar de tirarse de los pelos
A pesar de todo, intentaré escribir un poquito todos los días...

"¿Eres prosumer?"

Viernes, 20 de noviembre



Tres días después de mi último post, retomo mi blog con energías renovadas. Y eso que ha sido una semana larga y pesada, dividida entre el Foro Internacional de Contenidos Digitales y una apasionante grabación sobre un congreso de morosidad. A mí me van a contar lo que es pagar tarde...

Dado que el de los impagos es un tema un pelín aburrido (aunque tan real como la vida misma), voy a centrarme en mis ratos de congresista en FICOD. Al fin y al cabo es lo que ha provocado que hoy tenga el ánimo tan alto.

Pero como dos días dan para mucho, voy a utilizar el estado de uno de mis contactos de Facebook para hablar de uno de los temas que se han tratado de refilón en una de las conferencias que más gustado de todo FICOD 'La prensa en la era de Internet: nuevos canales y nuevos modelos de consumo'. Y es que parece ser que en la red, todo el mundo es periodista.

Como bien dice mi contacto de FB, aparece, pues, la figura del 'prosumer'. Prosumer, de PROductor y CONSUMidor, se refiere a "gente proactiva, innovadora y adelantada a su tiempo que produce y consume todo tipo de contenido y opinión".

Vaya por delante que me parece genial que la red permita esta cantidad de fuentes. Pero quiero recalcar que la palabra que los define es justamente esa: fuentes. La diferencia con las fuentes tradicionales es la que viene dada por la globalidad de internet: las fuentes que aparecen en la red tienen más visibilidad y no llegan únicamente al periodista, sino que también pueden ser leídas por los consumidores finales.

Hagamos un símil: hay una pelea enfrente del portal de una casa, en un pequeño barrio. El periodista, avisado por un vecino, llega al lugar de los hechos y anota lo sucedido según las fuerzas del orden, presentes en el lugar. Varios vecinos se acercan al periodista y le cuentan lo que han visto y oído. El periodista también escribe en su cuaderno las declaraciones de estos testigos. Llega a la redacción y escribe una crónica de lo sucedido utilizando lo que tiene en su bloc. Mientras el periodista trabaja, los vecinos cuentan lo ocurrido a los que no han estado presentes. ¿Qué son los vecinos que han oído y visto la pelea, según lo anterior? Claramente son testigos.

Ahora estamos en la era de internet. Durante la pelea, el vecino del quinto saca su cámara personal y graba los puñetazos. Vuelca el contenido en su ordenador y lo sube a Youtube. Mientras tanto, un peatón que pasaba por allí, captura la escena con su teléfono móvil que, además, tiene internet. Escribe un post sobre el asunto, ilustrado con sus fotografías. Mientras tanto, el periodista es avisado por otro vecino y acude al lugar de los hechos. Hace el proceso del anterior párrafo y vuelve a la redacción. Allí ve el vídeo de Youtube y el post del peatón. Con todo eso, escribe una crónica para el medio digital en el que trabaja. Mientras tanto, cientos de personas leen el post y ven el vídeo.

Ahora pensamos: ¿qué son el vecino del quinto y el peatón? ¿Nuevos periodistas? No. Siguen siendo fuentes. La diferencia es que su testimonio ha sido visto por cientos de internautas mientras que lo que vieron los testigos pre-era digital se queda en un entorno más pequeño, el de los vecinos del barrio. Así que establecer que un periodista es tal solamente por las herramientas de las que dispone, me parece reducir a lo mínimo una profesión que va mucho más allá de eso.

¿Sabéis cuál es el problema? Que un fontanero llega a casa y cobra 100 euros por arreglar un grifo. Queda claro que es un dinero bien invertido porque el grifo funciona desde que él lo ha tocado. Sin embargo, la profesión de periodista no tiene resultados tan tangibles. En la universidad se estudia cómo transmitir mensajes y en la vida profesional se aprende a seleccionar, resumir, concretar, destacar e informar, entre otros. Y todos esos conceptos son tan vagos, tan difíciles de entender, que no se los tiene en cuenta.

Quizás por mi juventud, aún creo que el periodista debe ser un profesional independiente que tenga conciencia de servicio público y que trabaje para la ciudadanía y no para su propio medio. Por eso, Internet abre un mundo de posibilidades informativas para los periodistas como nunca antes había ocurrido. Y es ahí donde radica la importancia de las bases del periodismo. De la cantidad ingente de información, el periodista debe descartar aquello que no sea veraz, reunir las informaciones relacionadas con el mismo tema y seleccionar lo más destacado.

Y mientras no se comprenda y respete la profesión del periodista, no se avanzará en la mejora de la información que aparece en la red y no se aprovechará el potencial que tiene la red como elemento de información global.

En cualquier caso, y volviendo al tema inicial, os paso la pelota: ¿sois prosumidores?

PD: Creo que hay que citar las fuentes de las que se obtiene la información y que, en el caso de Internet, hay que vincular la información a la página de origen. Si el medio se apropia de una información y la referencia como propia, todo lo anterior no tiene sentido.

"Mucha tarea esta semana"

Lunes, 16 de noviembre


Como dice una ex profesora de la universidad, esta semana estamos "preparando la cobertura de Ficod y el material previo" y con "mucha tarea esta semana". Por eso, me disculpo de antemano ya que lo más probable es que no sepáis nada de mí en los próximos días. A la vuelta, os contaré qué tal el Foro Internacional de Contenidos Digitales.

Nos vemos pronto, a las ocho.


PD: Para quien tenga curiosidad, éste es el programa.

"Encontrando inspiración en los lugares más inesperados"

Jueves, 12 de noviembre


Mi amiga-socia-compañera de trabajo comparte, en su muro de Facebook, que se puede encontrar la inspiración en los lugares más inesperados. Su nueva pasión son los broches de fieltro así que, para hacerlos, busca ideas en todas partes. Como encima es muy constante, sus nuevos 'trabajos' son cada vez mejor.

Mi círculo de amigos y familia sabe que soy lo opuesto a mi amiga-socia-compañera de trabajo y que tengo una 'personalidad más dispersa' (o sea, que no duro tres días haciendo una cosa de este estilo). Sin embargo, hay algo que nunca dejo de lado, haga lo que haga en lo personal y en lo profesional: la maquetación.

No me dedico a ello ni es mi principal fuente de ingresos. Trabajé un verano en un estudio de maquetación con un profesor de universidad y, desde hace tres años, diseño una revista para una organización de adopciones. Pero más allá de eso, nada. Y, sin embargo, si tengo un hueco o una excusa, me encanta ponerme delante del Indesign (lo siento, ha sustituido al Quark por méritos propios) y pasar el tiempo colocando imágenes, eligiendo tipografías y descartando colores de mi pantonera.

Todo ésto lo cuento para que entendáis lo que me está costando escribir este post. Porque hoy, lectores y lectoras, quiero reconocer algo que me avergüenza. Creo que alguien me entenderá...

La hermana mayor de mi novio me pidió que le diseñara el logo de su equipo de cross y como cualquier excusa es buena para pasarme una tarde entera absorta delante de mi mac, me puse a ello. Como estaba un poco oxidada, decidí empezar por lo más típico: gente corriendo. Quería quedarme con las mejores ideas que se me ocurrieran (en cuanto a formas, colores, distribución) y llevarlas a algo menos habitual.

Después de probar varios bocetos, hice la silueta de un hombre corriendo y lo coloqué sobre un círculo rojo degradado, que hacía las veces de sol. Terminé el logo pintando al corredor de negro. Revisé mi 'obra' y no la desaprobé del todo. No me gustaba especialmente, pero no era un mal comienzo. Por eso, decidí mandársela a mi novio, que estaba trabajando, para que le echara un ojo y me comentara los fallos (una de sus 'cualidades' es que me dice lo que piensa de mis trabajos sin cortarse un pelo).

Y aquí llega mi descrédito como diseñadora. Reproduzco la conversación que tuvimos por gmail, intentando reescribir todos los detalles.

ÉL: He visto el logo. No está mal.
YO: No estoy muy inspirada, pero creo que voy a seguir en la línea del que te he mandado.
ÉL: Ahm. ¿Por qué el sol?
YO: Me gustaría decirte que tiene algún significado, pero no. Es porque queda bonito el contraste.
ÉL: Me gusta como queda.
YO: Gracias!! :-D
ÉL: Pero podías cortarte un poco y no plagiar tan descaradamente.
YO: ¿Cómo? ¿Hay algún equipo que tenga un logo parecido?
ÉL: ¿Me estás diciendo en serio que no sabes qué logo has copiado?
YO: ¡¡Que no he copiado nada!! ¿Cuál dices tú?
ÉL: Venga, Blanca, en serio. ¿Qué logo tiene la silueta negra de una persona sobre un sol rojo?
YO: Que no lo sé, joder.
ÉL: ¡Pues el de 'Sálvame'!
YO: ...

No quiero añadir más humillación que la que está implícita la conversación que acabo de copiar. Porque resulta que, por delante de maquetadora, diseñadora o persona creativa, soy una telespectadora de 'Sálvame', programa al homenajea mi inconsciente.

Si no queréis volver a leer este blog, lo entenderé.

Si no, nos vemos mañana a las ocho.

"Blanca se ha visto en el futuro cruzando el Atlántico en velomar"

Martes, 10 de noviembre

Añadir vídeo

Tras un puente en el que he dormido lo que me ha dado la gana y más, decido empezar la semana teniendo un flashforward. Para los no iniciados, diré que 'flashforward' es la manera americana (y guay) de tener una visión. O sea, que cuando la gitana de toda la vida te leía la mano, no veía tu futuro: tenía un flashforward. Y ese término, que ya se usó en Perdidos a partir de la tercera temporada, es el que da nombre a una nueva ficción de la ABC que llega a España de la mano de AXN y Cuatro.

En una maniobra publicitaria bastante inteligente, AXN aprovecha Facebook creando una aplicación que dice lo que pasará en el futuro. No concreta si será el 29 de abril del año que viene o mañana mismo, pero parece ser que yo cruzaré el atlántico en velomar.

Podría hablar largo y tendido sobre las posibilidades de que yo haga tal hazaña en ese 'transporte marítimo creado para uso recreacional', pero prefiero orientar el post hacia la nueva serie de Cuatro. Porque, señoras y señores, yo soy una de las miles de personas que están metidas en la droga de Lost y que buscan en Flashforward la metadona para lograr pasar el mono. Pero, ¿consigue sustituir el vacío que ha dejado Perdidos hasta, al menos, principios del año que viene? Como a mi en la universidad me enseñaron a ser clara, concisa y precisa, respondo a esta cuestión de la forma más clara, concisa y precisa que puedo: a mi no.

Pero pongámonos en antecedentes. Como he dicho, soy Lostmadicta. Me enganché a la serie hace más de dos años, cuando ya se habían emitido dos temporadas y, desde entonces, he visto los capítulos en cuanto se emitían en Estados Unidos. Sí, reconozco que se ha convertido en una serie de ficción total en la que 'cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia', a pesar de todas las teorías razonables que circulaban por internet en sus inicios. De hecho, ahora es muy difícil hacer conjeturas que resulten creíbles sobre lo que pasará porque ¿quién dice que Richard no envejece porque es un holograma creado por extraterrestres?.

A pesar de todo lo anterior, cada vez que termina un capítulo de Perdidos, estoy deseando ver el siguiente. Y esto ocurre desde el segundo de la primera temporada. Por eso, tras leer que Flashforward era el sucesor de Perdidos (y que iba a ser la caña), esperaba que me causara un efecto parecido. Pero no. Me parece una serie curiosa, que parte de una idea original y cuyo guión tiene que trabajarse mucho para que no queden cabos sueltos. Sin embargo, se dispersa mucho en historias personales reiterativas que, valga la redundancia, aparecen capítulo sí, capítulo también. Tiene, además, un ritmo irregular: suele desarrollarse demasiado lenta pero, de repente, se suelta algún elemento de enganche (novedoso e importante para la trama) que, en general, no se aprovecha todo lo que se podría. Por supuesto, sólo es mi opinión.

En cualquier caso, es de esas series para pensar. De esas que generan debates en la red donde multitud de frikis se desviven por esclarecer las futuras líneas argumentales del guión. Como en flashforward theories, sitio en el que ya aparecen teorías como que todo es un experimento de aceleración del gobierno, que las visiones están escritas en una piedra (¿?) o que Demetri no tuvo flashforward porque permaneció al margen de la ola de desmayos (y no porque estuviera muerto, como él mismo cree). Tranquilidad, no son spoilers. Son sólo teorías.

Acabo con un par de curiosidades. La primera es que esta historia está basada en un libro de Robert J. Sawyer, publicado en 1999 y por el que obtuvo un par de premios. La segunda es que, según un comentario en un foro de Cuatro dedicado a Flashforward, la serie hace un homenaje a Perdidos ya que en el escenario de una persecución puede verse un cartel publicitario de Oceanic Airlines, aerolínea en la que viajaban los personajes de Lost. ¿Ésto no querrá decir que, en realidad, los flashforwards se producen debido a los movimientos espacio-temporales de la isla de Perdidos? Ahí lo dejo caer...

Nos vemos mañana a las ocho.

"Fan de No soporto mi voz en una grabación"

Viernes, 6 de noviembre

Hoy encuentro en mi tablón que dos compañeros de clase se han hecho fans de la página 'No soporto mi voz cuando la escucho en una grabación'. Yo añado: tampoco puedo verme cuando salgo en cualquier vídeo. Y jode terriblemente cuando, en respuesta a tu 'Joder, ¡¿de verdad soy, hablo y gesticulo así?!', tus amigos y amigas te responden 'Pues sí... ¡Y de hecho sales genial en el vídeo!".

Por supuesto, la ciencia tiene una explicación sobre por qué no reconocemos nuestra voz o nuestro aspecto en las grabaciones en las que aparecemos. Cuando hablamos, escuchamos nuestra voz por dos canales: el aire y nuestro interior. El resultado de esa mezcla es lo que aceptamos como nuestro sonido. En cambio, cuando nos oímos en un vídeo, por ejemplo, la única vía por la que se transmite el sonido es el aire, por lo que el resultado es diferente a lo que consideramos nuestra voz.

Caso aparte es el de la imagen, cuya teoría científica es más bien eso, una teoría. Así, explica que las personas desarrollamos un instinto de autoprotección para no sentirnos inferiores en el mundo que nos rodea. Uno de los ejemplos de esa coraza es que, cuando nos miramos en el espejo, la imagen captada por nuestros ojos es ligeramente modificada por el cerebro para que nos veamos más guapos o guapas, y más parecidos a nuestros modelos de belleza. Por eso aunque pensemos que hemos salido mal cuando nos enseñan una foto o un vídeo nuestro, lo que estamos viendo es como somos en realidad.

Después de estos dos párrafos, a más de uno o una se le habrá caído el mundo encima. Os rondarán la cabeza cuestiones como "vaya, realmente tengo voz de pito" o "no sabía que tenía tanto aspecto super pija". Es duro, pero hay que aceptarlo.

Aunque una duda aún más importante (y cuya respuesta realmente sabéis, pero preferís ignorar) es: "Joder, ¿y cuando me veo mal en el espejo?". Pues sí, es lo que estáis pensando. Si te ves mal en el espejo es que estás peor en la realidad. Cruel pero cierto, así que deja de engañarte y de acicalarte delante del reflejo de las ventanillas de los coches. Eres horrible, acéptalo. Cuanto antes lo hagas, antes te explicarás por qué el único piropo que te echan por la calle es 'Wejeeeeeeeeeeeeeeee". Tú pensabas que era porque iban en un coche a toda velocidad, pero no. Es que te pareces peligrosamente a cualquier animal de ganado.

Reflexionad.

Como el lunes hay fiesta en Madrid y no curro, nos vemos el martes a las ocho.


"Pasadlo. La hostia de Michael"

Martes, 3 de noviembre

Con una taza de café calentito entre las manos, encuentro un Facebook aún más dormido que yo. Nada nuevo desde ayer y, además, las últimas 12 horas han sido bastante insulsas en esta red social.

Al abrir Tuenti, en cambio, encuentro un 'mensajito verde'. Este es el término que utilizamos mi amiga-socia-compañera de trabajo y yo para denominar los cambios que se realizan en el perfil de Tuenti y que son notificados al usuario mediante avisos de este color. Como véis, haber estudiado periodismo nos otorga una riqueza de vocabulario impresionante. Qué le vamos a hacer...

Pero al tema. Decía que mi Tuenti me saluda con un 'mensajito verde'. Más concretamente, con una invitación a un evento. A mi los 'mensajitos verdes' me encantan porque dan vidilla a mi perfil tuentiano que, por norma general, parece que esté en proceso de hibernación.

Emocionada, pincho en el enlace, esperando encontrarme una reunión de gente de la universidad o una quedada de mis amigas. ¿O un cumpleaños? ¡Ay, no! Igual es algún plan para la fiesta de fin de año. También estaría genial que fuera algún evento para celebrar que alguna de mis amigas ha encontrado trabajo, después de tanto buscar. Pues no. La notificación me lleva al siguiente mensaje: "pasadlo!!LA HOSTIA DE MICHAEL".

Para seros sincera, el párrafo anterior era una simulación de lo que podría pensar cualquier iniciado en Tuenti al encontrarse una invitación en su tablón. Yo ya no siento esas cosas. Cuando actualizo la red social y me aparecen cinco mensajitos de ese tipo, sé que no va a ser nada de lo que he escrito arriba. De hecho, creo que sólo he recibido cuatro eventos reales en una marabunta de cientos de notificaciones como ésta. Ahora yo me pregunto... ¿por qué?

Acudo a la RAE para que me saque de dudas y me confirme que 'evento' es 'un vídeo, fotografía o texto, de contenido chistoso o dramático y no siempre real, que pretende evitar al receptor años de mala suerte o ausencia amorosa gracias a su reenvío'. Pero la RAE también está dormida. Define evento como 'cosa que sucede'.

Como nuestro diccionario no ayuda, me voy a arriesgar con una definición propia. Para mí, un evento es un acontecimiento que se derarrolla en un lugar y fecha determinados y que está organizado según un fin concreto.

Es decir, que si yo recibiera una carta con una invitación a un evento solidario, el mensaje de la misiva sería que yo acudiera a la discoteca de moda el próximo viernes, a las ocho de la tarde, para ayudar con el precio de la entrada a los niños enfermos de cáncer que no tienen recursos en el tercer mundo.

Con Tuenti, en cambio, al abrir la carta aparecería un tío en el rellano que se estamparía contra la puerta del ascensor. Cuando yo abriera los ojos asombrada por lo que acaba de suceder delante de mis narices, ciento cincuenta personas aparecerían en dicho rellano, comentando a voces lo buena que ha sido la hostia. En las escaleras que llevan a mi planta habría otras sesenta personas, dubitativas sobre unirse a la fiesta o no. Entonces, el chaval que se acaba de caer me comentaría que un niño del tercer mundo ha perdido las extremidades en un ataque bactereológico a su pueblo y está tan triste que sólo un perrito podría salvarle de su depresión. Me diría que fuera solidaria, que me uniera al grupo de escandalosos de mi escalera y fueramos juntos a casa de mis amigas y amigos para poder contárselo. Cuantos más fueramos, me explicaría, antes se solucionaría la situación del pobrecillo. Además, si lo hago, la próxima persona que llamaría a mi puerta sería mi amor platónico, al que llevo esperando toda mi vida. Patidifusa, miro al chaval que, después del mensaje, se la vuelve a pegar con la puerta del ascensor.

Llamadme snob, pero yo casi prefiero mi definición de evento...

Nos vemos mañana, a las ocho.

"No hay nada mejor que tener buenos sueños..."

Viernes, 31 de octubre


Como hoy trabajo desde casa, al igual que ayer, me permito media hora más de sueño cuando mi novio me llama a las ocho para despertarme. Y me he dado cuenta de que, cuando estoy despierta, treinta minutos no me cunden nada, pero parece ser que dormida los aprovecho muchísimo más.

Podría titular mi sueño 'Batman begins'. No he visto esa película porque cinematográficamente hablando soy bastante inculta (también lo soy en otros '-mente', pero esa es otra cuestión), así que mi subconsciente ha decidido poner remedio a ello. ¿ Y sabéis quién es Batman? Mi padre. Teorías freudianas aparte, voy a intentar resumir tan interesante ensoñación como se suelen empezar las narraciones de anécdotas, sueños y marujeos: con un 'resulta que + imperfecto'.

Pues resulta que estaba yo en México (donde voy seis o siete veces al año, como bien sabe mi subconsciente), en un impresionante hotel que tenía una piscina jacuzzi nada más entrar a la recepción. Para situaros mejor, era de noche y todo estaba iluminado con tenues luces azuladas, cuidadosamente colocadas para dar serenidad y armonía al lugar. Esas luces que no sabes dónde están puestas pero que hacen que todo parezca tan bonito que justifica el dineral que cuesta el lugar. Como yo soy un producto de la sociedad de consumo y altamente influenciable a esos mensajes subliminales, pensaba justamente 'que bien pagado el dineral que cuesta este lugar'.

Buscamos la habitación, chumineamos por las instalaciones y, entonces, aparece mi padre. Me sorprende que esté allí porque nos dejó en el aeropuerto antes de marchar. No entiendo como ha podido llegar a nuestro mismo tiempo. Tiene una extraña mochila colgada, de la que sale una cuerda como la de los paracaidistas. Junto a mi padre hay dos personas, correctamente vestidas de traje, muy serios y estirados.

Mi padre me cuenta que ha venido con el extraño aparato que lleva en la espalda, que resulta que aumenta la velocidad de movimiento hasta unos límites insospechados. Además, en casos de emergencia, es capaz de dividir las moléculas de quien lo maneje y recomponerlas en el lugar a donde se quiere llegar. Teletransportación, vamos.

'Ésto es un complemento que quería probar,' me dice mi padre 'en realidad la maquinaria del aparato va colocada en mi nuevo coche'. Me enseña, entonces, la foto del batmovil. Me quedo perpleja y miro a los acompañantes de mi progenitor. ¡Ah! Son los mayordomos, claro. Un flashforward en mi sueño me dice que uno morirá en alguna misión, quedándose el típico que sale en todas las películas.

Después de hablar un rato conmigo, mi padre mira el reloj y se despide. 'Tengo cosas que hacer'. '¡Si estámos de vacaciones!', replico yo. 'Es que ya no soy profe...'. No. Ahora es Batman.

Pues sí. Éstos son mis sueños. ¿Por qué decidió salvar al mundo de malvados supervillanos? ¿Cómo construyó su Batmovil teletransportador? Y sobre todo, ¿desde cuando el Batmovil tenía esa función? Ah, yo esas cosas no las sueño. Lo único que os puedo decir que, de ocho a ocho y media, mi padre ha decidido cambiar su vida de profesor por la de héroe. Que también hay que joderse: que yo sabía que la docencia estaba chunga, pero para no que era para tanto...

Nos vemos mañana, a las ocho.

"Yo también he leído lo que tiene el que está sentado al lado en el metro"

Jueves, 29 de octubre


A causa de la cantidad de trabajo que tenemos en la empresa (o gracias a ella, según os guste o no mi blog), ayer no pude postear como de costumbre. Tampoco os perdisteis nada. Iba a comentar el estado de un compañero de universidad que se lamentaba 'Me fastidia que no me guste el fútbol, porque me gustaría estar descojonándome del Madrid ahora mismo". Tenía pensado describir mi evolución en interés deportivo y cómo he pasado de ver ganar la octava en el mismo Saint Denis a enterarme justo ayer que Pellegrini es el entenador del Madrid. ¿Porque lo es, verdad? ¿O salen a jugar como les viene en gana?

Como véis, nada interesante. Hoy, encuentro que el mismo compañero (del que, por cierto, admiro su sentido del humor ácido y su capacidad para actualizar el FB más diez veces al día) se ha hecho fan de 'Yo también he leído lo que tiene el que está sentado al lado en el metro'.

Actualmente no monto mucho en metro, la verdad. Es lo que tiene caerte de la cama y llegar a la oficina. Tengo la gran suerte de poder levantarme a las ocho menos veinte, justo lo necesario para arreglarme antes de salir. Y cierro la puerta de mi casa a las ocho menos cinco, porque tardo alrededor de cuatro minutos y medio en llegar a la verja de nuestro local.

Pues bien, para descojone de mis amigas-socias-compañeras de trabajo, últimamente he utilizado esos cuatro minutos y medio para leer en el camino de mi casa al trabajo. Salía de la cama, me vestía con prisa (como siempre), cogía el libro y salía corriendo para el curro. Pulsaba el botón del ascensor mientras abría el ejemplar y, como vivo en un octavo y el ascensor suele estar en el bajo por la mañana, me daba tiempo a encontrar cuál era la última frase que había leído. Se abrían las puertas mecánicas, me metía en la caja y me apoyaba contra el cristal del espejo para continuar mi lectura desde esa oración.

Tardo 45 segundos hasta llegar al bajo (no lo he contado yo, qué os creéis, no puedo leer y contar al mismo tiempo), pero normalmente paro en algún piso intermedio para que otro madrugador se suba. Aquí, como en el metro, veo que mi acompañante se interesa de reojo por mi lectura, y busca el título del libro lo más disimuladamente que puede. Según tenga el día (suelo ser agradable), le facilito el trabajo alzando un poco el volumen para que pueda verlo bien. Se queda satisfecho, aprueba o no mis gustos literarios silenciosamente y llegamos al bajo.

Entrecierro el libro y bajo los seis escalones de mi portal. Saludo al portero, que empieza su ronda para recoger la basura de todos los portales, y salgo a la calle. Ya puedo leer tranquilamente.

Tengo calculados los obstáculos que hay entre mi casa y la oficina. Sé que en el primer tramo hay tres hendiduras de unos cuatro dedos de ancho en la acera, que se llenan de agua cuando llueve. Si no estoy pendiente, puedo mojarme o meter el tacón y pegarme la hostia padre. Lo segundo nunca ha pasado. Termino esta parte subiendo cuatro escalones para unirme a los grupos de adolescentes puberterosos que se caminan, a pasó de sonámbulo, hacia el instituto que hay junto a mi trabajo. Yo sigo a mi rollo, metida completamente en el libro. Esquivo a un clon de Amy Winehouse, que me mira sin entender qué hago yo en el mundo, y sigo mi camino.

Prefiero recorrer el ángulo recto del triángulo por la acera, en vez de recorrer la hipotenusa por la arena. Descarté esta opción la primera vez que bajé a la oficina leyendo y casi me mato con una piedra. Pero continuemos.

Llego a la puerta del instituto, y zizagueo a los adolescentes que berrean sobre los exámenes. Aquí presto un poco más de atención a lo que hago, porque una cosa es meterse una piña en la calle y otra es hacerlo en la calle, delante de un montón de quinceañeros que buscan entretenimiento. Subo las últimas escaleritas de mi recorrido y me planto en la calle de mi local.

Sigo leyendo mientras camino los últimos diez metros, apurando las últimas frases antes de cerrar el libro. Antes de llegar, me cruzo con el portero del edificio y comentamos, brevemente, lo que llevo leído hasta el momento. Él lo dejó a medias, me dice. Llego a la puerta de mi local y veo que está la verja subida, así que mis amigas-socias-compañeras de trabajo se me han adelantado. Llamo. Se acabó la lectura.

Luego tengo cachondeíto por todo lo anteriormente relatado y mis amigas me auguran una hostia en mis próximos trayectos. Puede ser. Pero, a falta de metro, ¿por qué voy a desaprovechar cuatro minutos y medio de lectura?

Nos vemos mañana, a las ocho.

"No te metas a mi Facebook"

Martes, 22 de octubre


Hoy tengo el día bastante ocupadillo, así que posteo una canción que me ha hecho gracia (y se me ha pegado, cómo no). Copio también la letra, porque es chungo entender el principio aunque esté en español.

Pedro Villa y Josefina están prontos a ligar,
Pero Laura la vecina los ha visto desertar,
Juan Ruja renuncia y lo hace publicar
Leonora su esposa pronto lo va a borrar

Amanda y Miranda acaban de rastrear
A Lina su amiga que les dejó de hablar
Tantean, husmean, no hay nada que indagar
Es fácil, muy fácil, sólo opriman pokear

(Coro)
No no te metas a mi Facebook
No te metas por favor
Cada vez que tengo un inbox
Me provoca poner close
No te metas a mi Facebook
No te metas por favor
Cuando escribas melodramas
No me lo hagas por el wall

De 620 amigos te relacionas con 10
90 desconocidos más 60 friend requests
Te buscan, rebuscan, pronto te van a ver
Juntitos, toditos, apuéstenle a la red

200 eventos, a los que debes ir
Aceptas a todos aunque no quieras ir
Tu vida es difícil, tienes que decidir
Aplica la regla, ponle a todos maybe

Coro

No me lo hagas por el wall (bis)
Me provoca poner close

No me digas que no tienes que ir al baño
Cuando, te miro te la pasas Facebookeando
y luego suspiro, te vas a quedar un rato
y mucho más

No me digas que tienes otro cumpleaños,
Del que hace un año ni te hubieras enterado
Será que ahora es moda festejar con los extraños
Y brindar por brindar



Nos vemos mañana a las ocho.

"Me cago en el cambio de hora"

Lunes, 26 de octubre

Hago un paréntesis en mi vuelta mental a la universidad, para retomar el objetivo real de este blog: comentar las actualizaciones de mis redes sociales. A quien tenga interés en la Semana Temática 'Yo sobreviví a la uc3m' y quiera saber cómo terminaba un día en la facultad, le pido un poco de paciencia. Regresaré al tema, lo prometo, aunque probablemente lo haga fuera de mi horario 'de 8 a 8 y media'. Siento no haberlo terminado estos días, pero una característica de las horas es que tienen 60 minutos y no 120. Qué le vamos a hacer...

Así pues, empiezo la semana con un mensaje que estaba deseando encontrar en mi tablón de Facebook: "Me cago en el cambio de hora". Yo también. Y como llevo quejándome un día entero (ayer), tenía muchísimas ganas de que alguien hiciera público su malestar por el retraso en nuestros relojes y poder explayarme también por aquí.

¿Por qué pongo el grito en el cielo por el cambio de hora en invierno? Me gustaría alegar razones económicas, sociales o relacionadas con el impacto socio-ambiental. Pero no. Odio el retraso de hora porque me deprime que sea de noche a las seis de la tarde. Como ya os he comentado en algún otro post, soy simple, qué le vamos a hacer.

Mientras otras afirman ser animales de noche, yo lo soy de día, que queda menos guay pero es una verdad como un templo. Me gustan las noches con buena compañía (pero en compañía), ya sea fuera o dentro de casa, pero prefiero la luz del sol al tungsteno de las farolas. Encima soy una miedica asquerosa, y la oscuridad de la noche no es lo mejor para gente como yo. Puedo pasarme una noche entera sin dormir, acojonada por ruiditos no identificados, que caeré rendida en cuanto empiece a amanecer, aunque esos ruiditos se hayan convertido en estruendos.

Pero no hablemos de mi, que tampoco soy tan interesante. Hablemos del cambio de hora propiamente dicho. Parece ser que esta idea fue obra de Benjamin Franklin, quien en 1844 propuso una serie de medidas para ahorrar energía. Aconsejó que se regulara el consumo de cera y de velas, que se creara un impuesto para las viviendas con contraventanas que no dejaran pasar la luz y que sonaran las campanas de la iglesia al amanecer para que todo el mundo se levantase a la misma hora.

No le hicieron mucho caso, pero dos siglos más tarde, en 1974, cuando la primera crisis del petróleo ponía a los países desarrollados en alerta, éstos decidieron retomar las propuestas de Franklin y adelantar una hora en verano. ¿Por qué? Haciendo que a las ocho fueran las siete de la tarde, se alargaban las horas de luz y las personas pasaban más tiempo fuera de casa, retrasando el consumo doméstico de luz eléctrica. Es decir, el cambio de hora se produce, en realidad, durante el verano y en invierno regresamos a la hora 'correcta'.

[Atención, argumentos pueriles y absurdos, sin base científica alguna, que solo pretenden el desahogo personal de la blogger]

Y digo yo, ¿no será mejor mantener la hora 'incorrecta' también durante el invierno y evitar así que derrochemos en electricidad desde las seis de la tarde? Además, retomo el argumento anterior: cuanto más tiempo haya de luz, más tardaremos en llegar a casa y encender la calefacción.

No sólo eso. También nos evitaríamos un montón de trastornos como las variaciones de nuestro reloj biológico, mayor somnolencia, alteraciones hormonales, alteraciones de sueño, dificultad para dormir, malhumor (ésta es la mía), somnoliencia...

Pues eso. Que odio el cambio de hora...



PD: Como reivindicación personal, mi reloj lleva siempre la hora de verano. ¿Problema? Que el del móvil se cambia sólo y tengo un cacao cada vez que hay que cambiar la hora...

"Segundo día: Yo sobreviví a la uc3m"

Miércoles, 21 de octubre

Son las ocho y media de la tarde y rompo parte de la filosofía de mi blog (esa que reza que lo actualizaré a primera hora de la mañana) para continuar con la semana temática 'Yo sobreviví a la uc3m'. Como ya ha hecho mi amiga parada hace unas horas y el resto a lo largo del día, rejuvenezco unos añitos y me meto en la piel de "Blanca, la estudiante de 2º de periodismo en la universidad Carlos III de Madrid".

Por si se da el caso y me sigue alguien fuera de mi entorno más cercano, pido perdón por el coñazo carlostercerístico que estoy soltando estos días. Lo siento, pero me debo a quien me lee y ellas me lo han pedido.

Continuo, pues, con la interesante narración de ayer.

UN DÍA CUALQUIERA DEL PRIMER CUATRIMESTRE DE SEGUNDO DE CARRERA
(II Parte)

9:10 - Entra el profesor, mandando a la mierda todas mis esperanzas de cafeína. Comienza la clase.

9:11 - Abro mi carpeta (la tercera, aproximadamente, que tengo desde que empecé la carrera) y, cuidadosamente, busco folios limpios entre las hojas del clasificador. Como no encuentro ninguno durante la primera inspección, hago una segunda, más rápida y menos delicada.

9:12 - Pues no. No tengo. Susurro a Irene, sentada a mi lado, que me preste tres o cuatro.

9:13 - Mientras el profesor-a resume la clase anterior, pongo el nombre de la asignatura en la parte superior del folio, escrito en mayúsculas. Luego, la fecha. Procuro hacer una letra limpia y clara, para que me anime a estudiar el contenido cuando tenga que hacerlo.

9: 20 - El profesor-a termina el resumen. Joder, pues sí que explicó cosas el otro día. A ver si reviso mis apuntes cuando acabe la clase porque no me suenan muchas de las cosas que ha comentado.

9:21 - El profesor-a comienza el temario de hoy. Para asegurarse de que no se equivoca, opta por no improvisar: se sienta en su silla y va leyendo un taco de hojas que tiene sobre la mesa. Al menos, no es cruel y reduce la velocidad de lectura para que podamos copiar. Empiezo el dictado manteniendo la buena letra de la fecha, muy redondita y recta.

9:24 - Mientras copio no sé qué de no sé qué año, comienzo a plantearme el sentido de esa clase. Subo la vista y veo que todos mis compañeros copian mientras el profesor-a va leyendo. Me planteo si hemos evolucionado o, por el contrario, hemos retrocedido varios siglos y nos hemos convertido en monjes copistas. Deja de pensar, Blanca, y vuelve a tu trabajo.

9:26 - Miro a mi izquierda y a mi derecha para ver cuál de mis amigas tiene más pinta de distraída. Todas parecen copiar. ¡Escribe, Blanca, por favor!

9:55 - Un incauto-a levanta la mano y hace una pregunta al profesor. Aprovecho el paréntesis para revisar lo que he escrito, mientras hago giros con mi muñeca izquierda para que recupere la normalidad. Apruebo la caligrafía de mi hoja y media de apuntes.

9:57 - Uy, que bien. El profesor-a se ha ido por las ramas. Hablo con mi compañera de asiento para tantear si está receptiva. Mmmmh, parece que sí... Empezamos una interesante conversación sobre planes para el fin de semana.

10:07 - El profesor-a retoma el hilo y el alumnado vuelve sus caras hacia las hojas de papel.
10:08 - Al igual que él-ella, yo también quiero mantener el mío y continúo la conversación en el margen de mi folio de apuntes. Escribo sólo una frase, pero si me contesta y me sigue el rollo, ya tengo entretenimiento asegurado. ¿Lo hará?

10:09 - ¡Yuju!

10: 38 - Vaya, qué rápido ha pasado la última media hora. Miro los apuntes de mis amigas y veo que han copiado hoja y media más. Miro los míos y veo una folio que empieza con una letra perfecta, que va perdiendo su redondez y adecuada caligrafía según llega al final de la segunda cara y que se llena de cotilleos, marujeos y anotaciones que nada tienen que ver con la asignatura al final de segunda hoja. Bueno, ya nada puedo hacer puesto que quedan dos minutos.

10:40 - Oiga, que ya es la hora.

10:44 - Perdone...

10:48 - Disculpe, ¿puede dejar de leer? Es que me aburro y esto dejó de tener sentido en la Edad Media...

10:49 - Pero, pero, pero. ¡No le preguntéis nada ahora!

11: 51 - No puedo más.

11: 52 - Ay...

11:53 - ...

11:54 - ¿Ya?

11:55 - El profesor-a abandona el aula. ¡Vale! Tenemos cinco minutos de descanso antes de la próxima clase que durará... ¿cuatro horas? Ah, genial. Voy al pasillo a que me de el aire.

"Primer día 'Yo sobreviví a la uc3m"

Martes, 20 de octubre


Vuelvo a trabajar desde casa, así que con un café en la mano (esto es un placer) y el ordenador portátil en el salón, me dispongo a echar la vista atrás cuatro años para participar en la 'I Semana Yo Sobreviví a la Carlos III)

Parece que, sin quererlo, uno de mis post ha avivado la llama anticarlista y ha puesto en solfa a lo mejor de la promoción de 2003 (lo mejor para mi, que para eso éste blog es mío). Así que, durante siete días, nuestras bitácoras se llenarán de palabras de cariño y amor hacia la 'pública diferencia'. Participan en tal evento:
Hazte un blog, Irene
La cuenta atrás, Patricia
Mis ojos a través de mis manos, La mujer del médico
See your thougths take shape, Ruth
Sin saber nada, María
Soy parada, Laura
Pongo mi granito de arena, recuperando un día cualquiera del primer cuatrimestre de segundo de carrera. Titulo mi aportación de esta original manera:

UN DÍA CUALQUIERA DEL PRIMER CUATRIMESTRE DE SEGUNDO DE CARRERA
(I Parte)

8:00- Un autobús de la línea 32 se detiene en la parada de la avenida de Moratalaz 115. De él, baja Irene, con una carpeta forrada de angelitos en las manos. Se sienta bajo la marquesina y se pone a leer la clave 220 (inventada).

8:06 - Blanca sube a paso acelerado por la avenida, para hacer un spring final y llegar a la parada antes que otro 32 que también se acerca hacia Irene. Al mismo tiempo, María y Sandra cruzan el paso de cebra y se plantan en la parada justo cuando el autobús abre las puertas.

8:07- Después de haber picado (es el último año de bonotransporte joven porque a partir del año que viene nos clavarán lo más grande por el B1), nos sentamos en la parte trasera del autobús, en cuatro asientos enfrentados, y comentamos Los Serrano del día anterior (nadie dijo que fueramos un grupo de chicas interesantes...)

8:32 - Llegamos a Atocha. El hombre de megafonía anuncia que el tren con destino Parla ya está en la vía 4. Luchamos contra el mar de personas que suben del andén, y conseguimos meternos en el vagón. ¡Genial! ¡Es un tren de los nuevos! (además de poco interesante, soy simple)

8:33 - Nos recostamos en los asientos (aún calientes por los antiguos ocupantes) y leemos el horóscopo de los diarios gratuitos que se han dejado los pasajeros anteriores. Parece que Sandra tendrá hoy problemas con sus hijos... Mientras escuchamos, no podemos apartar los ojos del cíclico vídeo que se reproduce en las pantallas de los trenes nuevos. La gente parece tan feliz de montarse en cercanías...

8:44 - Se me ocurre una genial idea: ¿y si hoy visitamos Parla? Sandra tiene una exposición obligatoria e Irene dice que ella piensa asistir a clase. María y yo bajamos la mirada hacia el suelo, apenadas porque nunca conoceremos ese gran pueblo.

8:45 - "Próxima estación: Las margaritas". Nosotras y el resto de estudiantes-raya al lado bajamos del tren y respiramos el agradable olor a mierda que despierta a Getafe por las mañanas. Mientas acostumbramos nuestras narices al aroma, vemos a Laura Villar y a Melisa en el andén y corremos a alcanzarlas.

8:52 - Llegamos a la puerta del edificio 17, donde dejamos a María apurando el cigarrillo. Mentalmente, suplico que no haya clase y podamos irnos a la cafetería. No sé por qué, pero las asignaturas de la primera hora son las más petardas de todas.

8: 54 - Delante de nuestra clase encontramos a Laura Cabanillas, Elena, Nuria, Estela, Rebeca y Raquel. Sí, está metido un poco con calzador, pero no prentenderéis que recuerde en qué orden llegaba todo el mundo.

8:58 - Hemos dejado las cosas en la segunda fila empezando por detrás, ocupando todos los asientos de esa línea. Anuncio 'Ya viene el profesor' y mis amigas se quejan de que todos los puñeteros días hago la misma broma que, por otra parte, no tiene gracia. Joder, son las nueve de la mañana, encima querréis que sea elocuente, original y chistosa (la hora es una escusa: está claro que soy poco interesante, simple y sin gracia)

9:09 - Llega Soraya.

9:10 - Entra el profesor, mandando a la mierda todas mis esperanzas de cafeína. Comienza la clase.

Mañana, a las ocho, la continuación...

"Va por ustedes"

Lunes, 19 de octubre



Hoy me he quedado en la cama un poco más de lo normal por esos motivos que sólo entendemos las mujeres y que los hombres reducen a la frase 'Ah, estás con la regla...'. Me froto mis legañosos ojos mientras voy a la cocina a por café y descubro que el que hice la semana pasada ya no tiene buena pinta. Me animo a mi misma diciéndome que podré superar el día sin cafeína.

Me recuesto en la silla a mirar por la ventana mientras el ordenador encuentra las redes wifi. Vaya capa de contaminación que hay en el horizonte de Madrid. Y yo sin haber escrito nada en el Blog Action Day. Menos mal que ahí están mi amiga parada y mi amiga-socia-compañera de trabajo para gritar contra el cambio climático.

Pero centrémonos en las redes sociales, porque el tablón de Facebook me reserva una sopresa. Entre boletines informativos de lainformacion.com, frases de Mafalda y tareas de la UC3M, encuentro la respuesta a una demanda unánime: mi otra amiga-socia-compañera de trabajo ha abierto un blog.

La semana pasada se hizo una petición popular (entendiendo popular por un grupo compuesto de tres a cuatro personas) para que se uniera al mundo blogger. Ayer, poco antes de las dos y media de la tarde, nació a las bitácoras una de las personas que mejor escribe de entre todas las que conozco.

Abro el enlace que ha copiado en Facebook y que lleva por título 'Va por ustedes', con la esperanza interna de que se haya propuesto rebajar su nivel y redactar como la plebe. Con solo leer las primeras líneas me caigo del burro y compruebo que sigue estando a varios metros por encima de mi (y eso que estoy escribiendo desde un ático). Qué le vamos a hacer. Yo lo seguiré intentando...

Dejando a un lado la envidia cochina que me da que escribas tan bien, jodía mona, te doy la bienvenida a este mundo. Te aviso que esto de postear es adictivo y dentro de poco comprobarás que, después de abrir tu correo personal, el de empresa y las redes sociales, actualizarás tu blog.

¿Nos vemos mañana, a las ocho?

"Has pedido una tarea a la uc3m" (y 2)

Miércoles, 14 de octubre


Tranquilidad. Aquí viene la segunda parte sobre nuestra vida en la Carlos III.

He pensado que dos años después de acabar la carrera, la universidad se ve con una perspectiva distinta (y nostálgica) que la que teníamos cuando estábamos allí. Por ello, y dado que entonces no existía ni Tuenti ni Facebook, he decidido copiar algunos correos que nos mandamos entonces y que pueden representar a la perfección los sentimientos de angustia, desolación y terror de aquella época (cuando quiero ser dramática, soy la persona más tremenda del mundo).

Como borré la mayoría de esos mails, empiezo con un post que escribí en un momento de agobio en el espacio de Msn, para continuar con dos mails sobre trabajos que reenviamos miles de veces.

Post del 4 de mayo de 2005
¡Qué bien se vive siendo universitario!
Lo están consiguiendo. En serio. Mira que mi "punto de futilidad" es alto, y suelo tolerar todo lo que me echen. El problema es que tienen una apuesta. "Ellos" (los profesores de universidad), cansados de su monótona vida, decidieron apostarse quién conseguiría acabar con la paciencia de sus queridos alumnos. Se va a enterar la de Metodología - me imagino que dice el de geografía- se cree que con su trabajo con el SPSS puede superarme. ¡Eso nunca! Qué los de segundo busquen las agencias de prensa que comparte la Vanguardia con otros medios. Y así estamos.

Igual son cosas mías, pero es que si no, no tiene explicación. Yo decidí fastidiarles las previsiones y aguantar. Pero a este paso, no sé si va a ser posible. Queda un mes y pico para los exámenes y no tengo ni apuntes. Por no hablar de la cantidad de trabajos que aún me queda por terminar. Me pregunto, seriamente, si la imagen del estudiante universitario tirado en el césped, jugando al mus, es cierta. Personalmente creo que es un mito para atraer jóvenes a la universidad. ¡Haced una carrera, mirad que bien se vive!

Pues no, señores. No se vive bien. Se vive estresado. Acabas soñando con profesores de economía (bueno, quizás esto sólo me pasó a mí). Te aprendes las caras de los becarios de la sala de ordenadores. Descubres partes de la biblioteca desconocidas para el resto de los mortales. Tu correo se llena de mails relacionados con las asignaturas ("te mando el reportaje de Relato II...", "aquí van algunas cosillas para Corporativa, no sé si servirán..."). Te hace daño la luz de la calle, de tantas horas que pasas encerrado en la universidad. Y un día te levantas y te das cuenta de que tus conversaciones giran todas en torno a la universidad. ¿Tu vida social? Desaparece Aprovecho para pedir perdón a todos los que casi no me veis. No me he fugado con Orlando Bloom, es que soy universitaria.

Ejemplo de trabajos de una asignatura cuatrimestral
De: María
A: Aquellas que compaginábamos trabajo y estudios
Asunto: Periodismo científico y tecnológico

La asignatura consta de 3 trabajillos (bueno, y de prácticas semanales)
1. Seguimiento de medios (en grupo): creo que esto hay que hacerlo cada dos semanas y exponerlo.
2. Reportaje/documental (en grupo) sobre un tema científico o tecnológico. A entregar en imágenes, no tiene por qué ser DVD, puede ser mediante fotos y tal. A entregar en diciembre.
3. Trabajo final (individual) sobre un tema científico a desarrollar. Puede ser en papel (trabajo académico normal y corriente), un repotaje escrito, un reportaje gráfico o grabado (DVD, por ejemplo). Este ha de exponerse (en enero) en clase y tendrán gran importancia las imágenes (que no quiere decir qeu sean tuyas, sino de tu documentación y eso, las puedes sacar de dónde quieras).
Quien acepte estas concidiciones ha de entregarle la ficha exponiendo el por qué de la no asistencia (me ha preguntado que dónde estábamos haciendo prácticas), vale? También me ha dicho que las personas del grupo en el que nos incorporemos deben ir recordándole nuestro caso (que no vamos a clase pero que trabajamos).
Ejemplo de un trabajo semanal
De: Soraya
A: Todas
Asunto: Practica 4 de Tratamiento de la Información en Red

Hola!aquí os mando la siguiente práctica de tratamiento de la información en red.
es un poco larga y complicada. espero que no os agobies.Ah! preparaos para hacer fotos a los inmigrantes.
Tendrá 2 partes:
1ª parte: ejemplo de cada clasificación fotográfica vista en clase. Un ejemplo acompañado de un análisis explicando la función de la foto y carácterísticas.Y reportaje multimedia: captura del reportaje multimedia y poner la dirección para que ella lo pueda visitar.
2ª parte: hacer una galería fotográfica sobre la inmigración (en el barrio u otros lugares).Resolución 70 y se puede presentar en el programa que se quiera.

Ejemplo de correo de María (a pesar de todo, te queremos)

Buenas chicas!!!
Os envío lo POCO que he hecho del trabajo de Medios Receptores y Usuarios. Pensaba avanzarlo más, la verdad, pero con los acontecimientos inesperados de esta mañana no he podido hacer mucho.
Os explico, espero hacerlo bien y no haceros un lío. Creo que lo mejor y lo más facil que podemos hacer es aplicar lo que hizo Irene (las conclusiones) con la teoría de las fases, así ocupamos un poco más (siempre en espacio 1,5 jeje). Es decir, explicar la teoría y ponerla en práctica con nuestro caso: la ley de memoria histórica. Me guío un poco por el trabajo que entregaron estas, que no les ocupaba más de 7 u 8 páginas, así que no me preocupa demasiado la extensión si os digo la verdad, no sé... Así, he pensado que la estructura del trabajo puede ser:
1. Introducción: explicación teórico-práctica del caso.
2. Fases del proceso de creación de opinión pública: he pensado que puede ir una deficición teórica y su aplicación práctica. Vamos, la explicación de cómo se cumple esta fase con nuestro tema.
De hecho, el documento que se llama "parteMariatrabajo" o algo así, ya está así estructurado de esta forma, echarlo un vistazo. Por si os parece bien. En él, he hecho una introducción (en negro sacado de lo escrito por Irene, en morado lo que yo he hecho), y las explicaciones teóricas de cada fase establecidas por los auores Hart y Foote (las que hay que seguir, para que no entendamos).
Lo demás, creo qeu es simplemente completarlo con las conclusiones que hizo Irene en su fase correspondiente, y estaría hecho!!!!. Todo esto si os parece bien, claro!!! jejeje.
Así pues, os envío 3 documentos:
- "parteMaríatrabajo": lo que os acabo de comentar
- "conclusionesMemoriHistórica": lo que hizo Irene, por si lo habéis tras papelado
- "fasestrabajo": las fases sacadas de los apuntes, por si os pueden servir de ayuda (de ahí he sacado las explicaciones teóricas).








"Has pedido una tarea de la uc3m"

Martes, 13 de octubre



"La Universidad Carlos III de Madrid ofrece un modelo de educación integral, dentro del concepto unitario y global de la ciencia y de la cultura con carreras...". Esta frase inacabada es lo primero que nos encontramos si escribimos 'Universidad Carlos III' en Google. Si pinchas en el enlace de la universidad para saber cómo termina la oración, es que no has estudiado allí. Los que lo hemos hecho, sabemos que las cosas no son tan sencillas en la Uc3m...

Yo quise estudiar en la Carlos III. ¿Por qué? Tenía claro que quería hacer periodismo (carrera que, como muchos saben, no se caracteriza por tener paro cero), así que mis padres pensaron que la única manera de tener opciones de trabajo era si cursaba la titulación en una privada. Sus argumentos eran la masificación de la Complutense y las ofertas de trabajo que tenían conocidos que habían hecho periodismo en una conocida universidad privada de Madrid.

Pero yo me negué. Quería estudiar periodismo y quería hacerlo en una pública. Me planté diciendo que me negaba a que mis estudios costaran más de un millón de pesetas al año para que luego, además, no estuviera segura nunca de si mi puesto de trabajo se debía a mis méritos intelectuales o económicos (tenía 17 años y mis propias convicciones, que queréis).

Por eso, busqué alternativas a la Complu y, un día, una voluntaria de la Carlos III visitó mi colegio para darnos una charla explicativa. Nos explicó que era una universidad pública con cualidades propias de las privadas. En periodismo, por ejemplo, tenía la ventaja de contar con estudio de radio, televisión y aulas de ordenadores que permitían un alumno por pc. Además, eran clases reducidas de hasta 80 personas, lo que echaba por tierra la masificación a la que aludían mis padres. Decidí entonces que mi futuro estaría en esa universidad.

Mis padres y yo establecimos un acuerdo: hacía mi santa voluntad si sacaba nota para ir a la Carlos III o, en caso de no llegar al corte, iba de cabeza a la privada. Firmada la tregua, estudié como nunca más iba a volver a hacerlo y conseguí la calificación necesaria. Me quedé a una décima de estudiar la conjunta de Periodismo-Comunicación Audiovisual, pero ahora, viéndolo con perspectiva, me alegro de haber hecho sólo Periodismo.

Puse mi primer pie en la Carlos III el 29 de septiembre de 2003, cuando acudí a la presentación del curso. Iba sola, acojonada, con una camiseta sin mangas y unos pantalones de pata de elefante. Allí, a la entrada de la sala de la presentación, mi amiga-socia-compañera de trabajo me saludó con un "Hola" que llevaba implícito un "¿Quieres sentarte a mi lado durante los próximos 4 años de universidad, ser mi amiga durante otros seis y montar una empresa conmigo cuando acabemos la carrera?". Devolví el saludo, respondiendo afirmativamente a su inconsciente pregunta. Y juntas, comenzamos en la Carlos III.

Voy a terminar un post que ha acabado siendo bastante pasteloso cuando mi intención era la opuesta. Si mañana no hay nada interesante en las redes sociales, haré una segunda parte en la que me centraré en lo que hoy quería comentar: la vida del estudiante de la Carlos III.

Hasta mañana a las ocho.




PD: ¡¡¡FELICIDADES, ELENA!!!! ¿Bailamos el huevo?

"Ha consultado cuáles son sus principales fans"

viernes, 9 de octubre



Después de dos días de sequía, retomo este blog para hablar unas redes sociales que están hoy bastante aburridillas. Por eso, para sacar más chicha al asunto, decido traicionar mis principios e iniciar una de esas aplicaciones chorra que tiene Facebook. En ésta, resolveré una preocupación que no me deja dormir por las noches, que me cierra la boca del estómago y que tiene mi vida en vilo: quién es mi principal fan en FB.

La cruz de esta aplicación es que no hay que hacer ningún test, lo que reduce mis posibilidades de crítica por las posibles preguntas absurdas. La cara es que, en cambio, analiza las interacciones de mis contactos conmigo, con lo que el resultado es más fiable que el de cualquier test.

Acepto las condiciones de intromisión que requiere la aplicación y espero a que recuente los comentarios, respuestas, enlaces, vídeos y fotos que mis amigos y amigas han compartido conmigo. El resultado era el esperado: mi principal seguidora es una de mis amigas-socias-compañeras de trabajo . La siguiente es una amiga de la universidad que ayer cumplió años y que amenazó con una metralleta ficticia a quien la felicitara con el típico "¡Felicidades wapa! Pásatelo muy bien. Besos". La medalla de bronce se la lleva la otra amiga-socia-compañera de trabajo.

¿Por qué digo que no me sorprende? Porque las largas mañanas de edición de vídeo son mucho más amenas cuando hay respuesta al estado de FB. Da igual que sea yo la que responda o que alguna de las del medallero conteste a mis tonterías y enlaces estúpidos. Es igual de entretenido. Además, siempre cabe la posibilidad de réplica.

En este sentido, Facebook es mucho más completo que Tuenti. Si alguien escribe "Aaaaaaatchíiiiis!!!" en su estado, puedes responderle "Jesús!" o "Será la fiebre porcina". ¿Necesario? No. ¿Interesante? Tampoco. Pero pasaos más de diez horas diarias delante del ordenador sin pequeños entretenimientos como ese.

Como el lunes es fiesta, nos vemos el martes a la misma hora. Espero no fallaros.




PD: Media hora más tarde de la publicación de los resultados del test, mi hermana lamentaba no estar entre los cinco que más interactuaban con mi perfil de FB. No pasa nada, aunque no lo ponga, sé que estás en sexto puesto ;-)



"Repelente ultrasónico contra el botellón"

Martes, 6 de octubre


Retomo el blog hoy, martes, después de pasar un lunes bastante improductivo. Parece que ésta mañana se está dando mejor que la de ayer porque ya he terminado algunos de los trabajos que tenía atravesados.

Pero vamos a lo que interesa: ¿cómo han madrugado las redes sociales? Mientras en Tuenti todo se mantiene igual (qué poco juego me da, el pobre), parece que Facebook despierta con un sonido bastante incómodo. Y es que lainformacion.com publica la noticia de una medida antibotellón bastante aguda: un pitido de 17,5 khz que espanta a los más jóvenes.
Una frecuencia de 17,5 khz y una sensación insoportable dentro de la cabeza. Sucederá este jueves 8 de octubre, a partir de las 22 h., en una de las plazas más transitadas de La Coruña. De momento sólo se sabe que será en un lugar de botellón y que estará atestado de jóvenes. A esa hora, y sin previo aviso, un pequeño dispositivo del tamaño de un tetra brik comenzará a emitir un sonido en alta frecuencia, conocido como 'Mosquito', que sólo podrá ser escuchado por los menores de 25 años y que les provocará un malestar insoportable.

Leo la noticia con recelo, segura de que se trata de un error y que se la han colado hasta el fondo. Como suelo hacer en estos casos, contrasto con noticias parecidas, escribiendo en Google 'Mosquito 17,5 khz' (soy la reina de las búsquedas en internet) y comprobando que otras webs también recogen la información.

Parece ser que a partir de cierta edad, nuestro pabellón acústico se arruga y perdemos la capacidad de percibir determinadas frecuencias. Los mayores de 24 no oyen los sonidos de 17,5 khz, los de 30 no perciben aquellos de 16 y los de 40 se mantienen como si nada con las frecuencias de 15 khz.

Hago la prueba para confirmarlo del todo y resulta que yo sí que oigo un pitido al que está enlazado esta noticia. Aunque lo escucho bajito, resulta bastante molesto y es muy parecido al sonido de la televisión cuando se enciende y aún no tiene volumen. En otra página encuentro las principales frecuencias por rangos que te dan una idea de la edad de tu pabellón acústico.

Resulta que mi novio (al que comento la noticia por Gmail) escucha 17,5 khz mientras que yo me quedo en los 16 kzh, lo que significa que él está en la franja de jóvenes mientras que yo permanecería ajena a la medida antibotellón. Aunque me deprime un poco, me consuelo pensando que a pesar de mis 24 años soy más madura (acústicamente hablando, claro) que un chaval de 28.

Sin embargo, esta noticia va más allá de lo meramente anecdótico. De ser cierto, se estaría hablando de una actuación que bordea la frontera de las libertades personales. Cualquier menor de 24 años que se encuentre en esa plaza, acusará un sonido insoportable haga o no botellón. Habrá quien piense que es una medida adecuada, ya que los jóvenes sufrirían un ruido equiparable al que los vecinos de la zona tienen que soportar todos los fines de semana. Pero no olvidemos una cosa: ni todos los que escuchan esa frecuencia hacen botellón, ni todos los que hacen botellón escuchan esa frecuencia. Es decir, se espanta a los más jóvenes, independientemente de lo que hagan en la plaza, pero no se elimina a los mayores. Porque, que yo sepa, el botellón no se acaba a los 24.

En cualquier caso, habrá que ver la veracidad de la información. Hasta entonces, podéis reflexionar sobre ella.

Nos vemos mañana, a las ocho

"PULSACIÓN no corazonada"

2 de octubre


Amanece despejado el día de la corazonada. Hoy, miles de personas tienen su 'corazón colgando en Copenague' (uuuuuh, pero no le dejes caeeeeeer). Los ojos españoles suplican, a 2.489 kilómetros, que el COI apueste por la capital como sede para los Juegos Olímpicos de 2016.

Yo debería ser una de estas personas con el 'corazón en vilo', porque encima soy de Madrid, pero confieso (con los ojos pixelados, no vaya a ser que alguien me reconozca) que no me he interesado por este tema más que desde un punto meramente informativo. Y ni siquiera, porque el lunes pasado tuvieron que repetirme cinco veces en la oficina que hoy salían los resultados. Por eso, prefiero hablar de la repercusión de este acto en mis redes sociales.

En Facebook encuentro diez entradas relacionadas con los JJOO en lo que va de mañana. ¡Ay, no! Nueve. La décima era un 'Biscotto dell'Amore' con forma de corazón. 'Madrid, Madrid, Madrid' clama uno de mis contactos. 'Hola, Madrid 2016' sueña otro. Los hay más espabilados:
'Te mostramos cómo funcionan las votaciones que escogerán esa sede' es el reclamo para entrar en Practicopedia, la web de los 'cómo'.

El que más gracia me ha hecho es el que da título al post. Concretamente, los comentarios a ese estado. 'Pensó que era una corazonada y resulto ser una angina de pecho' o 'Yo también tengo una corazonada!... Ah, no, era un gas...' me han parecido lo más ingenioso que he visto esta mañana en mi tablón.

En lo que respecta a Tuenti, más de lo mismo. Una amiga está 'esperando la decisión del COI' y otra escribe simplemente 'Copenague'. No busco más mensajes en esta red social porque está peor organizada que Facebook en lo que se refiere a actualizaciones.

Lo que si que me gustaría destacar es el movimiento de apoyo a la candidatura olímpica que se ha organizado en Tuenti. 924.185 personas han colocado el logo de Madrid 2016 en su estado, haciendo que esta red social se llene de manos que representan, según el autor de la misma, "la unidad de las distintas culturas, personas y nacionalidades que conviven en Madrid". Recordemos que en la capital viven pitufos y snorkels verdes, como indican los colores de la imagen de la candidatura.

Mientras escribo esto, voy leyendo el directo que está haciendo lainformacion.com. Aunque es más probable de que me entere del resultado por Facebook, qué le vamos a hacer.

¿Nos vemos el lunes a las ocho?

"Tienes una petición de amistad"

1 de octubre


Hoy también trabajo desde casa, así que me recreo un poco más en mis tostadas antes de sentarme delante del ordenador. Estoy particularmente adormilada, aún cuando he estado hablando durante el desayuno con la hermana de mi novio, que vuelve hoy a Córdoba.

Recostada en la silla, miro por la ventana mientras se carga mi sesión en el Mac. No veo el horizonte de Madrid, cubierto por una neblina parecida a la que se ve cuando uno se acaba de levantar y aún tiene los ojos legañosos. De hecho, me los froto los ojos para confirmar que no es cosa mía y que el día está realmente tonto.

Abro Firefox y examino mis sitios preferidos. Me incorporo al llegar a Facebook. Tengo una petición de amistad.

El respingo no lo he dado por que alguien quiera agregarme como contacto en esta red social. Es por quien lo ha hecho. El nombre de un amigo de mi novio (al que he tomado aprecio yo también, que le vamos a hacer) aparece cuando pincho en 'Tienes una petición de amistad'. El nombre de un chico cuya respuesta a cualquier cosa que tuviera que ver con Fb o Tuenti era "tío, yo ni de coña caigo en esa chorrada". Pues has caído, chaval. A ver quién te saca ahora de ahí.

Le agrego, por supuesto, y me estreno en su tablón, escribiendo justo después de su novia. Ahí está la razón de su debilidad: ella ha conseguido que ceda a las redes sociales. Él se quejará, le echará la culpa a ella y dirá que es un calzonazos (una palabra que parece encantarle a los hombres, no sé por qué), pero quien ha creado el perfil y empezado a subir fotos de su nueva casa ha sido él. El caso es culparnos siempre a nosotras.

Si lees esto, que sepas que me he quedado patidifusa. El día que encuentre un mensajito verde de petición de amigo en Tuenti, terminarás de rematarme y empezaré a cuestionarme los otros pilares de la sociedad que me rodea. Hasta entonces, tiembla porque te voy a avasallar con comentarios en tu tablón, invitaciones a eventos, test supergilipollescos (como 'qué clase de Choni eres' o 'cuánto sabes del molusco siberiano') y actividades estúpidas. Entiéndeme, tengo que acostumbrarte a la vida en Facebook.

Bienvenido.

Te veo en Facebook. Al resto, os espero mañana aquí a las ocho.

"y con esto y un bizcocho..."

30 de septiembre


El pasado 26 de agosto comencé este blog. Hoy, 36 días más tarde, hago balance de mi primer mes en la red.

-Yo-
La que prometió dedicar media hora cada día a un blog. Y que lo está intentando.

Estoy contenta porque he recuperado mi ilusión por escribir. Me encanta teclear la última palabra del post y releer el conjunto, porque significa que estoy manteniendo mi promesa de continuar este blog. De hecho, algunas tardes tengo ganas de volver a ponerme delante del ordenador y aporrear el teclado hasta que se me pase el mono de escritura. Reconozco, de todas formas, que nunca lo he hecho.

También estoy bastante orgullosa en lo que a constancia se refiere, porque de los 26 días que debería haber escrito (dado que no lo hago ni fines de semana ni festivos), he publicado en 22 ocasiones. Mis posts son relativamente largos y sólo en tres ocasiones he escurrido el bulto poniendo un vídeo o haciendo copia-pega de noticias que he encontrado en internet.

Eso sí, aunque me propuse pinchar en 'Publicar entrada' a las 8:30 como muy tarde, casi siempre he posteado más tarde, porque suelo escribir mientras reviso y remato cosas de mi trabajo. Elijo el tema nada más abrir el ordenador y sus respectivas pestañas de Chrome, pero compagino su redacción con los proyectos que tenemos pendientes. No tengo elección: eso o me desdoblo.

-Vosotros-
Los que me leéis. Aquellos que, cuando escribo, sé que lo hago para vosotros.

Puedo contaros con los dedos de mis manos, pero no me importa. A media mañana, abrís mi blog para comprobar si ya he publicado y soléis alegrarme el día con comentarios tempraneros. De hecho, (y aunque suene a discurso protocolario de empresa a cliente), sois vosotros los que, inconscientemente, me obligáis a escribir casi todos los días. Si supiera que no me lee nadie, no lucharía contra mi misma esos días en los que parece que me va a vencer la pereza. Por eso, muchas gracias.

-Ellos-
Los que proporcionan los temas sin saberlo.

Son los que actualizan sus estados, cuelgan enlaces, fotos y vídeos en sus redes sociales, haciendo que yo tenga algo sobre lo que hablar cada día. Me regalan, inconscientemente, el material sobre el que explayarme.

Tenía miedo de agotar los temas que ofrecen las redes sociales y no poder continuar este blog. Al fin y al cabo, son la excusa perfecta para poder escribir cada día sobre algo distinto. Y teniendo en cuenta que, como una amiga mía, no sé de nada, poder reflexionar sobre cualquier cosa es un reto. Sin embargo, sólo en un par de ocasiones me he visto limitada porque el asunto no daba mucho de sí. La mayor parte de las veces me ha ocurrido lo contrario.

De hecho, hoy, el primer miércoles después de cumplir mi mes en la red, Facebook amanece con 'y con esto y un bizcocho...' escrito por un contacto. Yo remato: hasta mañana a las ocho.

"Vuelta a la uni"

29 de septiembre


"Vuelta a la uni" es el estado de una de mis contactos, que regresa a las aulas después de tres meses de vacaciones. Al leerlo, caigo en la cuenta de que no hace mucho yo estaba en la misma situación.

Así que, con los ojos abiertos sólo dos tercios de su tamaño habitual a causa del sueño, me dispongo a sumergirme en los recuerdos de cuando, tal semana como ésta, madrugaba con un fin distinto: ir a la universidad.

Sabíamos la fecha de comienzo de las clases porque una amiga enviaba el calendario del curso a principios de agosto. A este mail le seguían otros tantos que recordaban a mi amiga que aún era verano y que se guardara el almanaque donde le cupiese. La pobre ha confesado, años después, que nunca lo hizo con mala intención y que era con fines 'puramente informativos', pero el rencor por aquello suele aparecer en nuestros reencuentros de grupo.

A mi, particularmente, nunca me importó que llegara octubre (y, por consiguiente, me daba igual el citado correo electrónico). Como hice prácticas todos los veranos durante la carrera, no me daba la sensación de volver a la rutina después de una época de descanso total. Es más, me gustaba volver a clase.

El regreso a la universidad suponía asignaturas nuevas (y, por qué no, algunas de diseño y redacción, mis preferidas), la lectura de titulares y horóscopos, sandwichs calientes de jamón y queso de la cafetería, tentaciones de visitar Toledo y Parla, tardes enteras en el aula de informática("A este paso, tiran mis cenizas en la sala de ordanadores", María dixit), risas, hojas de mis apuntes en las carpetas de mis amigas, colas interminables en reprografía, crecer, el olor a comida de la cafetería grande, batallas perdidas con Dreamweaver, "ojos llenos de megapíxeles", fotocopias de los apuntes de Irene, escabullidas de la primera parte de las clases de la tarde, estrés, revisiones de exámenes, reflexiones sobre el sentido de algunas asignaturas (y de cómo el profesor ha llegado a tener tal puesto en la universidad)... Y, sobre todo, pasar tiempo (mucho tiempo) con algunas de las mejores personas que he conocido en mi vida.

Eso sí, que quede una cosa clara. Como reza el comentario que aparece en el tablón de mi conctacto, "te recordaré que te gusta esto cuando estemos jodidos a base de bien por las prácticas". Y es que me río de aquellos que dicen que periodismo es una carrera maría. Los cuatro años de universidad han sido tan intensos en lo que a estudiar se refiere, que nuestra vida social se reducía a conocer a los becarios de las aulas de informática. Salir de noche de casa y volver cuando ya había oscurecido, angustiada por todas las prácticas que aún quedaban por terminar, era algo que pasaba un día sí y otro también. Es lo que tiene ser prebolonia en una universidad que pretendía ser la primera en igualarse a Europa.

Y aunque un día proclame (muy al estilo de Scarlett O'Hara) que nunca volvería a ponerme delante de un libro para empollar, cada vez tengo más ganas de aprender y avanzar. Por mucho que me joda reconocerlo, por mi misma no puedo prepararme tanto como me gustaría. Pero todo se andará...

Nos vemos mañana a las ocho.




PD: Para que veas, Elena, que sí que escribo sobre tus comentarios.

"Bienvenidos a la nueva información"

25 de septiembre


Siento despedir la semana de una manera tan sosa. Ayer no pude escribir porque empezamos a currar casi antes de levantar la verja de nuestra oficina. Y hoy he llegado más tarde a trabajar porque ayer asistimos a la presentación de lainformacion.com, un medio de comunicación por internet que aspira a convertirse en referente en el mundo digital.

La semana que viene intentaré hablar del acto más detenidamente, describir lo que vi y lo que faltó. Y lo relacionaré con otra promesa del 21 de septiembre: la de ahondar sobre las ventajas e inconvenientes de los nuevos medios de información en internet.

Entre tanto, este es el vídeo que ha colgado lainformacion.com sobre el evento.

Nos vemos el lunes, a las ocho.


"Un Facebook para el más allá"

23 de septiembre

Repasando los últimos movimientos de mis páginas preferidas, encuentro con una noticia que me ha dejado 'muerta'. Por si no tuvieramos suficiente con nuestra adicción en vida a las redes sociales, un tal Peter Ingman ha creado el primer espacio virtual que recoge mensajes de aquellos que ya no están con nosotros.

La idea es la siguiente: antes de morir, escribes miles de mensajes para que este servicio se los envíe a tus contactos en los días señalados. O sea, que tu hermana reciba un "¡Felicidades! Cada día estás más guapa. ¿Ya tienes el carnet? Pídele a mamá que te compre un coche" cuando cumpla los 18 y tú ya no estés con ella para darle un abrazo.

Yo, fan incondicional de las redes sociales, estoy un poco recelosa frente a una aplicación así. Analizando por qué, supongo que la razón es que no quiero ver la muerte como algo cercano y esta web es la cara opuesta. El que escribe los mensajes tiene que tener muy claro que se va y aceptarlo. El que los recibe va a recordar, año tras año, a su familiar, amigo o amiga. Y yo creo que no valgo para ninguna de las dos cosas. De hecho, hoy he soñado que perdía un brazo y una pierna en un golpe de Estado (en el que Letizia Ortiz se caía de la mesa porque estaba embarazada, no me preguntéis a cuento de qué venía eso) y en el sueño me decía a mi misma que si estaba convencía de que seguía teniendo ambos miembros, podía vivir como si aún los conservara. Por lo visto, soy de las que no pasan de la fase de 'No aceptación'.

En fin, os copio parte de la noticia para que juzguéis.

Peter Ingham vio como su mujer perdía en dos años a muchos de sus seres más queridos. Fue precisamente el dolor de su esposa el que inspiró a Peter para crear una red social en la que los muertos pudiesen permanecer en contacto con los vivos.

El portal ha sido bautizado con un nombre bastante apropiado "FromBeyond2u.com". Una página que permite subir vídeos, fotografías y mensajes importantes en una especie de "cápsula del tiempo" virtual que entrará a formar parte de la red tras la muerte del individuo.

La página permite subir todo tipo de vídeos, recuerdos junto a seres queridos, momentos especiales con sus hijos, el primer día de escuela... que se van acumulando en su sitio personal hasta el momento del fallecimiento. También se pueden dejar mensajes de despedida, o para el futuro. Se pueden colgar felicitaciones de cumpleaños o mensajes al azar.

Pese a la corta vida de la red, apenas dos semanas tras un año de pruebas, Ingham afirma que ha tenido una "respuesta increíble" .

Nos vemos mañana a las ocho.



PD: ¡Felicidades, Irene! Y suerte con el carnet de conducir. Siento el post macabro de hoy, pero tenía que escribirlo.

"Cuenta no disponible"

22 de septiembre


Hoy vuelvo a trabajar desde casa, así que disfruto de la cama un poco más después de que mi novio me llame al móvil para despertarme (hoy ha entrado a currar a las siete). Me pongo su pijama largo, voy a la cocina, cojo un bol y la bolsa de Chocos y me dejo caer sobre la silla mientras se enciende mi ordenador. Cuando se ha cargado mi fondo de pantalla de las Ninpheas de Monet, lo primero que hago es, por supuesto, abrir Firefox (mi Mac no acepta Chrome, qué le vamos a hacer) para revisar mis páginas.

En el correo de empresa no hay nada nuevo, así que borro los mails de publicidad. En mi cuenta personal sólo tengo uno nuevo en el que me informan de que acaba de salir un nuevo canal de televisión por internet de Titanlux. Pincho (por curiosidad profesional) y el primer vídeo que me encuentro es 'Cómo eliminar la humedad y el moho de las paredes'.

Toca el turno ahora a mis redes sociales. Investigo un poco Tuenti, pero no hay nada relevante. Tonteo un rato más, alargando el momento de ponerme a trabajar y, cuando ya no dá más de sí, paso a Facebook. Me sorprende que, cuando abro la pestaña, no se ha conectado directamente. Yo soy de esas 'usuarias' que dejan el usuario y la contraseña guardada en el ordenador porque les da pereza meterla cada vez que entrar en internet. Sé que es un error (por aquello de la protección de mis datos), pero también soy consciente de que lo voy a seguir haciendo mientras existan internet y las contraseñas.

Al tema: meto mi password de nuevo y doy a 'Entrar'. Es entonces cuando un cartel rojo me abofetea la cara con un 'Cuenta no disponible'. Como es lógico, reparo en esa frase después de intentar meter tres veces mi contraseña. Yo no leo los carteles de error: yo doy a 'Siguiente'.

Olvido mi posición relajada en la silla, me incorporo para acercarme a la pantalla un palmo más y dejo mi bol de cereales sobre la mesa para poder teclear desesperadamente y a gusto. Entro en la cuenta de Facebook de mi empresa, para tranquilizarme y ver que no es sólo problema mío. Ajá. Sí lo es. El perfil de mi trabajo abre perfectamente y veo que los contactos han actualizado su estado recientemente.

Releo el problema e intento verlo de manera objetiva. Pone que están manteniendo el sitio, ¿por qué no iba a ser así? Inconscientemente, pienso en las cosas que podría haber hecho para que me dieran de baja mi cuenta. No tengo muchísimos contactos como para considerar que utilizo FB para publicitarme. Tampoco escribo comentarios 'denunciables'. Ni siquiera utilizo las aplicaciones. Reparo en que todos los días hago una captura de pantalla de comentarios de mis contactos para explayarme en este blog, pero me quiero tranquilizar diciéndome que oculto su nombre y foto.

Mientras reflexiono lo anterior, voy metiendo de nuevo mi contraseña e intentando entrar, siempre con el mismo resultado rojo. Es hora de acudir a 'San Google'. Copio íntegra la frasecita de error en el buscador y doy al intro. El primer resultado es un diario mexicano que, con fecha del 9 de septiembre, avisa que muchos usuarios del país tendrán problemas para acceder por mantenimiento del portal.

A pesar de que la primera respuesta ha sido positiva, yo soy un poco masoca y busco otra que me diga lo contrario. ¿Por qué? Se ve que no me gustan las cosas fáciles. Encuentro un foro donde otra chica plantea el mismo problema que el mío. Le contestan que es un tema de mantenimiento, que se relaje. Sigo el hilo de la conversación y me detengo en una intervención de mi compañera de preocupaciones, que pregunta, desesperada: "¿Demorarán [en arreglar el problema]? Tengo cosechas que levantar".

En ese momento, me siento ridícula. Me suena tan estúpida esa última frase que demuestra su dependencia que me siento totalmente identificada con ella. La chica, posiblemente enganchada a la aplicación 'Amigos de la granja', está nerviosa porque tiene 'cosechas que levantar'. Yo lo estoy porque quiero comprobar que todo está igual que ayer.

Llevo un cuarto de hora buscando desesperadamente como si se me hubiese caído el mundo encima cuando lo único que se ha caído ha sido mi perfil de FB (y temporalmente, además). ¿Por qué generamos esta necesidad? Hasta hace un año, yo no conocía Facebook ni Tuenti. Sin embargo, ahora es (como dice mi carta de presentación) 'lo siguiente que hago después de revisar el correo de empresa'.

En fin, tendré que convivir con ello. Por lo menos, me sirve de excusa para escribir todos los días este blog.

Nos vemos mañana a las ocho.



PD: Después de este post, Blanca consiguió entrar en Facebook y pudo recostarse de nuevo en la silla para comenzar a trabajar sin preocupaciones.

"11 cosas que haría si dirigiera un medio de comunicación"

21 de septiembre


Hoy ha vuelto una compañera de sus vacaciones y nuestra 'reunión de contenidos' se ha prolongado hasta las diez y media. Lo típico: entre el resumen de lo que hicimos la semana pasada, todo lo que tenemos que terminar durante estos días y las anécdotas varias del tiempo que no hemos estado juntas, hemos estado hablando durante dos horas y media.

Por eso (y porque tenemos bastante trabajo para estos días como para ponerme a escribir algo muy denso), no me voy a complicar la vida y voy a hacer un 'corta-pega' de uno de los artículos que vienen enlazados en 'Las 10 cosas de la semana' del blog 233grados. Es la traducción de un post de Dan Gillmor (padre del periodismo ciudadano, según Wikipedia), que propone un 'decálogo + uno' para la construcción de un medio de comunicación adaptado a la realidad tecnológica, social y periodistica de la actualidad.

Si puedo, esta semana hablaré de la necesidad de renovación del periodismo y de las ventajas-inconvenientes que tienen los nuevos medios digitales. Mientras tanto (y dado que los cuatro lectores que tengo sois gente del mundo del periodismo, mi hermana y mi novio) podéis reflexionar sobre la viabilidad de los puntos planteados por Gillmor.

1. No haríamos cobertura de efemérides, salvo en circunstancias muy especiales. Ese tipo de noticias son refugio para periodistas vagos y poco creativos.

2. Invitaríamos a la audiencia a participar en el proceso periodístico, a través de diferentes vías como el trabajo colaborativo [crowdsourcing], blogs para usuarios, wikis y otras técnicas.

3. Con ese fin, la transparencia sería un pilar central de nuestro periodismo. Un ejemplo: cada artículo impreso estaría acompañado por un apartado llamado “Cosas que no sabemos”, una lista de dudas que nuestros periodistas no hubieran podido aclarar durante su trabajo.

4. Crearíamos un servicio para notificar a lectores suscritos a través de Internet de los fallos que hemos detectado en nuestras coberturas.

5. Haríamos de la conversación un elemento esencial de nuestra misión.

6. Evitaríamos el uso de eufemismos. Si un grupo o partido miente, lo diríamos, acompañado de pruebas.

7. Sustituiríamos cierto lenguaje orwelliano y de relaciones públicas por uno más neutral y preciso. Si alguien al que entrevistamos hace un uso perverso del lenguaje, lo parafrasearíamos en lugar de citarlo directamente.

8. Usaríamos los hipervínculos de todas las maneras posibles

9. Nuestra hemeroteca sería pública y accesible.

10. Una misión fundamental de nuestro trabajo sería ayudar a la gente de la comunidad a usar los medios de comunicación como gente formada y no como consumidores pasivos.

11. Nunca publicaríamos listas de 10 puntos. Son cosa de gente vaga y poco imaginativa.

Mañana, a las ocho, prometo más y mejor.




PD: ¡Bienvenida, Mari!

"La primera peli erótica"

18 de septiembre

Como hoy tengo que estar fuera de la oficina y no me da tiempo a escribir en condiciones, os dejo con un vídeo que demuestra que las personas somos únicas para compensar las limitaciones de nuestro entorno.

"Si nací en julio es por algo. Me cago en el puto otoño"

17 de septiembre


Cuando me despierto por la mañana con los pies helados y frío en la nariz, deseo que algún contacto se haya quejado del tiempo en Facebook o Tuenti y poder así desahogarme a gusto. Llego tiritando a la oficina, perdiendo por el camino el poco calor que tenía bajo las sábanas y saludo a mi compañera con un '¡Joder, vaya mierda con este puto frío!' cuando me abre la puerta. El mal tiempo me pone de mal humor y hace que construya frases llenas de palabrotas, coherentemente unidas entre sí.

Enciendo mi ordenador y abro el Chrome. No encuentro nada nuevo en el correo de empresa, así que archivo un mail con un curriculum y elimino la publicidad. Cuando abro la pestaña de Facebook, veo que mi petición mañananera se ha cumplido: un amigo se "caga en el puto otoño". Perfecto. Vamos a quejarnos.

Odio el frío. Mi padre es de Palencia y mi madre es de Burgos, así que se supone que tendría que estar acostumbrada a las bajas temperaturas, pero lo cierto es que no lo estoy. Permitiéndome cierta licencia matemática, explico este fenómeno como que dos temperaturas negativas, la paterna y la materna, acaban dando como resultado la necesidad de una positiva, la mía.

Necesito el calor. Con el frío, mi cuerpo no reacciona bien. De hecho, mientras estoy escribiendo ésto, mis dedos están atontados y tecleo mucho más despacio, equivocándome de letra a menudo. Aunque me los vuelva a calentar con vaho, el frío guardado en las paredes de la oficina vuelve a bajar su temperatura. Mi amiga también se queja y pienso que aún quedarán varias semanas hasta que enciendan la calefacción en el trabajo, porque depende de la comunidad del edificio.

¿Sabéis cuándo me gustan los días lluviosos y fríos? Cuando puedo apagar el despertador y quedarme debajo de la manta, disfrutando del calorcito que guarda la cama después de toda una noche durmiendo en ella, y me levanto más tarde embutiendome en una bata tan gordita como fea para tomarme un chocolate ardiendo delante de una ventana mientras veo llover. ¿Bucólico? Quizás. Pero si me da la gana ponerme melosa un día como hoy, lo hago y punto (recordad que soy un poco prepotente como Mazinger Z).

Con la esperanza de despertarme mañana con un sol calentito que me permita recuperar mis camisetas de tirantes guardadas en los cajones, me despido de vosotros.

Nos vemos mañana a las ocho.


PD: María, no me quiero imaginar el frío que estás pasando en las fiestas de tu pueblo. Espero que el alcohol tenga esa capacidad de calentar que se le suele atribuir.

"¿Qué dibujo animado de los 70-80 eres?"

16 de septiembre


Ya que la última entrada en Facebook es un consejo de Chewbacca tan profundo como 'Wrrraaauuu uuurraaruuu aauurrrguaeeeerrerere ujuuu lululu', he decidido recuperar alguna de las invitaciones de test que me mandan mis contactos por FB y que yo siempre elimino. Tenía guardada una que asociaba tu personalidad con una de las serie de dibujos animados de los años 70 y 80. Se entiende que cuando digo 'personalidad', me refiero a cuestiones tan relevantes como mi color favorito, las tres cosas que llevaría a una isla desierta, qué haría si fuese rica o mi deporte favorito.

Pues bien, después de meditar las siete preguntas y sopesar las distintas respuestas que ofrecía la aplicación (no me juzguéis, quería hacer bien el test para luego poder comentarlo en este blog), resulta que soy clavadita a Mazinger Z.

Contengo mis ganas de volver a hacer el cuestionario para que salga otro resultado porque da la casualidad de que no he visto en mi vida Mazinger Z. De pequeña, sólo veía la tele alrededor de media hora al día y Mazinger Z era una de las series que mi padre no me dejaba ver por ser 'de guerra'. Yo era más de 'Érase una vez la vida', 'Dartacán y los Mosqueperros' o 'Los fruitis'. De hecho, esperaba que me saliera alguna de ellas para poder explayarme y analizar a fondo la personalidad oculta de Mochilo o el poder que ejercían los protagonistas de 'Érase una vez la vida' sobre niños altamente influenciables (recuerdo a mi hermana llorando después de hacerse una herida en la rodilla porque estaba segura de que había perdido a Globina).

Pero no. Resulta que tengo que hablar sobre Mazinger Z porque parece ser que es lo que más se adapta a aquellas personas que comen plátanos, que prefieren quedarse en casa leyendo o viendo la tele en los días lluviosos, que si fuesen ricas ayudarían a su gente y regalarían algo a su pareja, que prefieren echar una partida de cartas a practicar algún deporte o que irían a París si les regalaran un viaje. Como he dicho, yo no he visto nunca estos dibujos, pero se me hace raro imaginarme a Mazinger Z jugando a las cartas con la familia mientras sueña en silencio que desea conocer París.

Hablemos de Mazinger, pues. Según Wikipedia, todo empieza cuando el Doctor Infierno y el Doctor Kabuto encuentran en la Isla de Rodas restos de una civilización que era capaz de construir robots gitantes. El primero piensa que con ellos puede gobernar el mundo e intenta convencer al segundo de que se una a él. Kabuto se opone y el Doctor Infierno se carga a todos los de la expedición con sus máquinas-robot. Pero Kabuto se escapa y construye un robot, Mazinger Z, que puede resistir temperaturas de hasta 6.000º y con el que intentará arruinar los malvados planes del Doctor Infierno. Kabuto muere asesinado y es su nieto, Koji Kabuto, el que tiene que manejar a la nueva máquina y salvar al mundo. Sólo un apunte a ésto: yo no habría ido con el doctor Infierno a la Isla de Rodas porque, con ese nombre, no tenía mucha pinta de acabar bien la historia.

Mientras resumo el argumento que aparece en Wikipedia, resuena en mi cabeza lo único que conozco de la serie: la cabecera. Siento si hiero la sensibilidad de los más fanáticos, pero unos dibujos animados que empezaban con 'La maldad y el terroooor, Koji puede controlaaaaar', al más puro estilo Raphael, nunca me hubieran llamado la atención ni aunque si mi padre hubiese levantado su censura a ese tipo de animación. De todas formas, tampoco se me tienen que tener en cuenta mis gustos televisivos porque veo mucha porquería.

En fin, al tema. Por Wikipedia ya sé que tengo el caracter de un robot indestructible, manejado por un tipo llamado Koji, que se enfrenta a otras máquinas que escupen fuego. Si queréis enfrentaros conmigo, tened cuidado con todas mis armas:

Rayos láser en los ojos
Rayos congelantes de sus antenas
Huracanes o Vientos Huracanados
Rayos Fotónicos o Calor Nuclear
Proyectiles o Puños Atómicos
Cohetes taladro o Proyectiles de Taladro
Cortador de Hierro o de Acero
Proyectiles o misiles digitales

Pero ahí no se queda la cosa. El test que me ha dicho que llevo un Mazinger en mi interior, apunta que "Soy un poco egocéntrica y a veces puedo dar la impresión de que me siento superior a los demás. En el fondo tengo un gran corazón pero no me gusta mostrar mis sentimientos". Genial. Encima soy una prepotente.

Tengo que digerir mi nueva condición. Mañana, si he aceptado mi verdadera personalidad, os volveré a ver aquí a las ocho.



"Que levante la mano el que no haya visto Dirty Dancing"


15 de septiembre


Me levanto un poco más tarde de lo habitual porque hoy trabajo desde casa y, cuando lo hago, me permito ciertas licencias. Me preparo una taza de leche bien llena de Colacao y, mientras me voy comiendo los grumitos con la cuchara, ojeo mis páginas favoritas.

En Facebook encuentro los resultados de quien juega a 'Amigos de la Granja', 'Happy Acuarium' o ' Fishbowl', las frases del Luisma para alguien que le pidió consejo y los nuevos estados de mis contactos más madrugadores. Me detengo en la frase de una redactora de mi época de becaria en radio, que lanza la pregunta 'Que levante la mano quien no haya visto Dirty Dancing, al menos, dos veces. Qué recuerdos de la edad del pavo'. Pienso que habrán estado hablando de películas romanticonas en la emisora y que esa será una de las preferidas de mi compañera. Me descoloca un poco el comentario de una amiga suya, que pone 'Solo dos... era genial como bailaban... una pena', pero inconscientemente lo achaco a que echa en falta películas como esa.

Al seguir revisando mi página inicial de Facebook me doy cuenta el motivo de esa entrada y de ese comentario: El perfil de lainformacion.com me cuenta que "ha muerto Patrick Swayze, protagonista de películas como Ghost o Dirty Dancing".

Me quedo parada durante unos segundos, releyendo el titular y terminando de rumiar el resto de grumitos de cacao que aún tengo en la boca. Swayze no era de mis actores preferidos. De hecho, creo que he visto cuatro películas suyas, de las que el 50% se corresponden a las dos que aparecen en la información que acabo de leer. Sin embargo, confirmo la veracidad de la noticia acudiendo primero a lainformacion.com (algo muy inteligente por mi parte, ya que es evidente que tendrá la misma noticia que en su perfil de Facebook) y luego al resto de medios generalistas, que también dan esa información en portada. Por curiosidad (morbosa, supongo), busco si han actualizado el artículo de Swayze en Wikipedia y compruebo que la gente es muy rápida en lo que se refiere a fallecimientos.

Tras el repaso de esta información en los digitales, caigo en la cuenta de que he vivido las últimas muertes de famosos a través de las redes sociales. Me acosté el 25 de junio con las primeras informaciones sobre la defunción de Michael Jackson reflejadas en mi tablón. Las lamentaciones por su pérdida duraron varios días, representadas en los videoclips que colgaban mis contactos. También me enteré así de la muerte de David Carradine o Dani Jarque. Y de otros más que ahora no recuerdo.

Es curioso como evolucionan las cosas. Hace algunos años, este tipo de noticias corrían de boca en boca porque había alguien que iniciaba la cadena (recuerdo que yo conté a mis amigas de la universidad por teléfono que Carmina Ordóñez había muerto, porque ese día yo estaba mala, me había tenido que quedar en casa y lo vi por televisión). Ahora tenemos la información casi a tiempo real, que salta en nuestras páginas de inicio de las redes sociales casi en el momento en el que ocurre la noticia.

Qué cosas...

Mañana a las ocho nos vemos.



PD: Y sí, yo he visto Dirty Dancing más de dos veces. Y Ghost, lo mismo.

Los 17 enunciados del Manifiesto internet

14 de septiembre


Estreno el lunes con unas redes sociales aún dormidas tras el fin de semana, que apenas traen novedades respecto al viernes pasado . Paso de largo de las fotos del sábado de mis contactos y de la frase que Fito regala a una amiga a través de una aplicación de Facebook para buscar algo destacable en mis periódicos digitales preferidos y en los blogs que leo habitualmente.

En el resumen semanal de 223grados, un blog que repasa la actualidad digital, me detengo en el enlace de los '17 enunciados del Manifiesto internet' y pincho para profundizar más sobre el tema. El link me lleva a otro blog, eCuaderno, que explica los diecisiete principios expuestos por bloggeros y periodistas alemanes sobre el impacto de internet en el Periodismo.

1. Internet es diferente
2. Internet es un imperio mediático de bolsillo
3. Internet es nuestra sociedad y nuestra sociedad es internet
4. La libertad de internet es inviolable
5. Internet es la victoria de la información
6. Internet (cambia) mejora al periodismo
7. La red requiere gestión de relaciones
8. Los enlaces recompensan, las citas adornan
9. Internet es la nueva sede del discurso político
10. Hoy, libertad de prensa significa libertad de opinión
11. Más es más, no existe algo como demasiada información
12. La tradición no es un modelo de negocio
13. El derecho de autor se convierte en un deber cívico en internet
14. Internet tiene muchas monedas
15. Lo que está en la red permanece en la red
16. La calidad sigue siendo la cualidad más importante
17. Todos para todos
Intentar tratar los diecisiete puntos, uno por uno, aunque sólo sea por encima, derivaría en un discurso muy largo de alguien que, encima, no tiene la suficiente competencia como para ahondar en el periodismo digital. Sin embargo, vengo todos los días a trabajar apostando por un proyecto dirigido a internet, con lo que soy totalmente partidaria de los principios número 5 y 6.

Creo que internet no sólo mejora el periodismo, sino que lo enriquece y lo completa como ningún otro medio lo ha hecho antes. Ofrece unas posibilidades inimaginables que, aún, no han sido explotadas al máximo (algo que no me preocupa porque estamos en ello...). Creo, también, que es el medio que mejor escapa a la censura, aunque a veces choca con intereses económicos y políticos.

Como periodista, quiero toda la información posible y quiero tenerla de la manera más completa. Quiero poder comparar una misma noticia y, si lo necesito, poder buscar los antecedentes para entenderla mejor. Quiero leer la noticia, verla y oírla. Y si es desde distintos ángulos, mucho mejor.

Como lectora, necesito que me expliquen los acontecimientos de los que no estoy al tanto. Me gusta tener la posibilidad de leer varios medios porque quiero comparar las noticias que se exponen (por aquello de que la imparcialidad total no existe). Quiero gráficos, vídeos y hemeroteca. Quiero blogs y comentarios de otros lectores.

Como periodista y lectora, en definitiva, lo quiero todo.

Por ello, creo que 'Internet es diferente', como reza el primer mandamiento de esta lista.

Hasta mañana a las ocho


"Sensible al discreto encanto de las pequeñas cosas"

11 de septiembre


Con los ojos aún borrosos por haberme despertado hace no mucho rato, me encuentro con la siguiente frase de Amélie Poulain: "Sensible al discreto encanto de las pequeñas cosas".

Pierdo la mirada más allá del ventanal de nuestra oficina para pensar en qué detalles tienen la misma capacidad de crear momentos únicos y de pasar desapercibidos por ellos mismos. Justo entonces, el portero del edificio atraviesa por delante de la cristalera, concentrado en regar los setos del vecindario, lo que me hace recordar que me encanta el olor a mojado. No soy demasiado original porque creo que el olor de la lluvia recién caída (a ozono, decía mi padre) es algo que gusta a casi todo el mundo. Puedo cerrar los ojos e imaginarme abriendo la ventana corredera de la casa de mi padre (donde he vivido casi todo el tiempo) y sentir en la cara una bocanada con ese olor a humedad fresca de las primeras gotas sobre el asfalto. Da la sensación que si se aspira hondo, ese olor cruza todo el cuerpo por dentro, abriendo y refrescando el pecho y los pulmones.

Mientras escribo ésto, oigo a una de mis amigas contar a la otra (ausente ayer por día libre) lo bien que se lo pasó recordando las canciones regionales que cantaba de pequeña, mientras las escuchaba en el Spotify. Me doy cuenta que otro de esos momentos que alegran los días son esas conversaciones estúpidas, sin profundidad ninguna, que tenemos en la oficina. Las canciones de 'Cosas de niños' (interpretadas por Bosé, Mocedades o Ana Belén), el resumen de la serie de Perdidos (teniendo cuidado para no adelantar partes del guión a quién aún no ha visto hasta la quinta temporada), las frases de 'Sálvame', la descripción de la última receta de cualquiera de nosotras (y de cómo se quemó o le faltó sal), las 'broncas' porque soy un desastre y la mesa donde me siento siempre acaba llena de papeles... Todo hace que nuestra empresa me parezca menos una compañía y más una casa donde compartimos todo entre todas.

Sin desviarnos del tema propuesto por Amelie, pienso que otra de esas 'pequeñas cosas' es el sonido del ascensor cuando estoy esperando a que llegue mi novio a casa. Si llego yo antes que él, voy preparando las cosas para la comida o la cena. Pero mientras pongo la mesa o bato los huevos, tengo los oídos atentos para escuchar del raspar metálico que anuncia que el ascensor se pone en movimiento. Inconscientemente, ya tengo calculado el tiempo que debe sonar para saber que está subiendo al octavo y poder abrirle la puerta y darle un beso en condiciones.

La primera cucharada de un helado de chocolate belga de Haagen Dazs, despertarse un domingo a las siete de la mañana y poder acurrucarse para dormir hasta las once, hacer mimos a mi gato, el tacto suave del pelo cuando salgo de la peluquería, dormir en cucharita, el olor del café, ver crecer las semillas de albahaca que he plantado (aunque siempre mueran, al final), jugar con mi hermana a los Sims o hablar con ella por teléfono sobre todo y nada, el roce de la falda en las piernas recién depiladas, el agua fría pasando por la garganta cuando tengo mucha sed, hacer espirales, escuchar a los amigos de mi novio durante el café del domingo... ¿Es todo esto a lo que se refiere Amelie Poulain?

Nos vemos el lunes, a las ocho.


"Imprimir internet"

10 de septiembre

Hoy reviso mis páginas preferidas y me detengo en una entrada del blog Grafica 2.0 que recoge el tamaño de todo el contenido que hay en internet. Si las cifras son interesantes, cómo está representado lo es aún más. Me encantan los gráficos.

Si imprimiéramos internet:
  • Obtendríamos un libro de 1.2 billones de libras de peso
  • Ese libro mediría 10.000 pies de altura
  • Tardaríamos en leer todo el contenido 57.000 años, si no paramos de hacerlo durante las 24 horas de los siete días de la semana
  • Y si sólo leemos diez minutos antes de acostarnos, terminaríamos todo el material al cabo de 8.219.088 años
  • Necesitaríamos 45 millones de cartuchos de tinta o lo que es lo mismo: medio millón de litros de tinta
  • ¿Y sabes lo que podríamos hacer con esa misma cantidad de gasolina? Podríamos fletar un avión desde Nueva York hacia Tokio, dando la vuelta al mundo.
  • Pero para imprimir tal cantidad de contenidos, una impresora de tinta tardaría 3.805 años en terminar su trabajo
  • Es decir, que si los antiguos babilonios hubieran empezado a imprimir en el 1.800 a.C, las últimas copias se estarían realizando en este momento
  • ¿Pero cuánto papel necesitaríamos? La cantidad suficiente para cubrir la mitad de Long Island, es decir, 1.130 kilómetros cuadrados
  • Y para ello, tendríamos que sacrificar 40.000 árboles en total
Qué curioso, ¿verdad?

Nos vemos a las ocho.

"¡Venga, a disfrutar!"

9 de septiembre

Haber escrito sólo tres veces en los últimos ocho días sostiene mi reputación de inconstante. Decir, además, que ha sido por causa de fuerza mayor suena a las excusas que pone quien no suele terminar las cosas. En cualquier caso, me defenderé diciendo que estos días he escrito algunos borradores que nunca he llegado a publicar porque, claro, están sin acabar. Pero ya he vuelto y, espero, para escribir a diario.

Retomo este blog saltándome a la torera mi filosofía de escribir sobre lo último que aparezca en mi revisión matutina para hablar sobre una entrada del 3 de septiembre. Para quien pensaba que yo era una persona interesante, alternativa y que podía tener ideas diferentes (puede que algunos no me conozcáis así que yo mantengo la esperanza de que alguien me asocie con tales calificativos), aquí va la prueba definitiva de que pertenezco a la masa popular (y capitalista) que puebla España: adoro el catálogo Ikea.

No es que me distraiga el desayuno y lo ojee con los ojos legañosos mientras como una tostada por la mañana. No es que lo tenga encima de la mesa del salón, con un montón de suplementos de El País y Cosmos encima. No es que me lo lleve al baño para tener algo que mirar de vez en cuando, sin interés ninguno y con el único afán de pasar el tiempo. Y tampoco es una de esas publicaciones de las que luego digo 'Yo juraría que tenía el catálogo del Ikea por aquí, pero no sé donde lo he dejado". No. Para mí es El Catálogo, con mayúsculas.

Cuando era pequeña, mi hermana y yo solíamos turnarnos el papel de cliente y vendedora, para aconsejarnos entre nosotras cómo amueblar y decorar nuestra casa imaginaria. Entonces no había tanta Ikeamanía y El Catálogo no se esperaba (ni se anunciaba) con tanto interés como ahora. Crecimos y dejamos de jugar a las tiendecitas para mirar con otros ojos las páginas de El Catálogo. Era una época en la que estábamos seguras que viviríamos en un piso lo suficientemente grande como para poner las cocinas más chulas y los sofás más bonitos. Un momento en el que sólo mirábamos el diseño, ignorando las cifras que acompañaban a esos muebles que redondeábamos con rotuladores de colores.

La última fase que yo he vivido con El Catálogo volvió a cambiar mi manera de ojear la publicación. Ahora miro el diseño de los muebles pero, misteriosamente, cada vez que su precio supera las tres cifras, la imagen desaparece de la página. Examino El Catálogo con un papel y un lápiz al lado, sumergiéndome tanto en costes como en medidas reales, porque resulta que mi salón no era tan grande como yo me lo imaginaba de niña. Aún así, siempre me queda el pensar que algún día evolucionaré a la siguiente (¿y última?) etapa: poder elegir lo que más me guste y tener la capacidad de comprarlo. Aunque ahora que lo pienso... ¿no será más divertido seguir soñando y esperar con ilusión El Catálogo en mi buzón?

Hasta mañana (espero) a las ocho.




Dedicado a Irene, que es su cumple, y a mi hermana, que aguantó jugar conmigo a las casitas aunque a ella la decoración se la trae al fresco.


"El precio de la vivienda en España ha bajado un 20%"

3 de septiembre


Lainformacion.com comienza la mañana anunciándonos que el precio de la vivienda ha bajado un 20%. Lo ilustra con un gráfico de Chiqui Estéban en el que se aprecia como Madrid, el País Vasco y Cataluña siguen siendo las zonas más caras. Y yo vivo en Madrid, una provincia donde el metro cuadrado cuesta, de media, 3.176. euros. No me lo había planteado, pero cada metro es más caro que un coche de segunda mano, una moto a estrenar, un viaje para dos personas durante 15 días recorriendo Tailandia, un curso de diseño en la IED de Madrid o un iMac de 24 pulgadas. Con esta comparación, como para no adorar cada rincón de la casa recién comprada y plantearse en serio el Feng Shui.

En mi caso, aún no me he metido en una hipoteca para poder tener casa propia. Vivo de alquiler con mi novio en un barrio de la capital lo suficientemente lejano para no sufrir los parquímetros y lo suficientemente cercano como para tener Sol a un trasbordo de Metro y el Retiro a media hora larga andando.

Esta semana, de hecho, hablaremos con el casero para renovar nuestro contrato de alquiler. Sin entrar en cifras, diré que el precio que pagamos por nuestro piso está en la media de los alquileres que encontramos por la zona el año pasado, pero muy por encima de lo que cuestan en otras provincias. De hecho, un amigo de mi novio me comentó que en un pueblo de Andalucía pagaban 400 euros por una vivienda bastante más grande que la nuestra.

Pero de la misma manera que los precios de compra han bajado un 20%, los alquileres también lo han hecho. Según un estudio de idealista.com, los pisos en nuestro barrio cuestan un 14% menos que el año pasado. Es decir, que si hace 12 meses nuestra vivienda estaba en la media del resto de alquileres, ahora estamos pagando cerca de 150 euros más. Y aunque parezca una tontería, ahorrando ese dinero podemos organizar un viaje en condiciones. O mejor: tirar la casa por la ventana y dejar de comprar la marcas blancas o de 'El más barato' (de venta en Alcampo).

El caso es que queremos hablar con nuestro casero y explicarle la situación. Estamos contentos con nuestro piso, pero no queremos pagar cifras por encima de las del mercado porque, la verdad, el contexto no está para tirar el dinero. Y a mi me da bastante miedo esa visita porque no sé regatear ni convencer para que bajen (o suban) el precio de las cosas. Soy de las que van a una óptica a comprarse unas gafas de sol y el óptico me tiene que insistir para que regatee y pida que rebajara lo que indicaba la etiqueta (en mi defensa diré que no creía que se pudiera regatear en una óptica).

De momento, estamos esperando la llamada del casero. Está de viaje y no podemos ponernos en contacto con él hasta que llegue a Madrid. Hasta entonces, intentaré convencer a la Blanca que me devuelve el espejo de por qué hay que rebajar nuestro alquiler. Si no la convenzo a ella, no sé lo que voy a hacer...

Os lo contaré, como siempre, a las ocho.

'Cerrando agosto'


1 de septiembre


Acaba agosto y estreno el mes con un vestido demasiado corto para pasar delante de un instituto con chicas de recuperación de 16 años mucho más altas y delgadas que yo. Me recuerdan que entramos en el mes de la vuelta a la realidad, donde regresan los atascos, los libros en la escuela, las colecciones de figuritas, las ofertas de vuelta a casa, los problemas de aparcamiento y los chavales con uniforme.

Aunque llevo aquí todo el verano, me gusta agosto porque Madrid se convierte en otra ciudad, mucho más relajada y desierta. Sé que tengo que ir a la oficina, pero no tengo la misma sensación de trabajo que durante el resto del año. De hecho, me parece que hasta es optativo y voy porque quiero.

Cuando empieza el calor, planeo todo lo que quiero hacer en verano. Estoy convencida de que esta vez sí que iré muchas veces a la piscina, subiré a comer a la sierra algún fin de semana, haré dieta, aprovecharé al máximo mi terraza, tomando el sol todos los días y haciendo muchas cenas con amigos y amigas, saldré a tomar algo a las terrazas cuando la noche refresque la ciudad, leeré, escribiré y pintaré.

Y como suele pasar con las cosas que me programo, giro la esquina de mi casa para ir al trabajo y una decena de adolescentes (libro en mano) me recuerdan que es 1 de septiembre y que se acabó el tiempo para todos esos planes. Y como hago siempre que me pasa eso, pienso 'la próxima vez será'.

Feliz regreso de vacaciones.

Os veo mañana a las ocho.


"Hoy se hablará bastante de la gripe A en España"


31 de agosto


Hoy, un poco más tarde de lo habitual, reviso mis páginas de la mañana y me pongo al día tras el fin de semana. Me detengo en el boletín de noticias de lainformacion.com, que dedica su primer párrafo a la gripe A. Hoy la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, se reúne con los consejeros de las Comunidades Autónomas para establecer las pautas de actuación respecto a esta enfermedad durante septiembre, mes de vuelta al trabajo y, sobre todo, de regreso al colegio.

El boletín también apunta que sólo tres de cada diez empresas están preparadas para afrontar el virus, que no queremos cambiar nuestras costumbres para combatirla y que todos, hasta el presidente de Colombia, están expuestos a la gripe.

No me sorprende que un diario comience la semana hablando del virus H1N1. Tampoco que el párrafo más largo de su boletín tenga que ver con este tema. La gripe A se ha convertido en portada en todos los informativos, de todos los medios y en todos los formatos.

Por ejemplo, hace dos semanas, un cartel por la prevención de la enfermedad coronaba la sala de espera del veterinario donde llevé a mi gato después de que se cayera de un cuarto piso. Irónicamente, se avisaba de la gripe en uno de los lugares donde tratar temas porcinos tendría más lógica. Mientras leía las indicaciones, tuve cuidado de que Monet, mi gato, no estornudara a la cacatúa y que saludaba con la mano (limpia, por supuesto) al persa que estaba a nuestro lado. Afortunadamente, salí ilesa de esa sala de espera y mi gato sobrevivió a la caída.

Como habréis observado, he escrito la última frase anterior en el orden en el que aparecería en un medio de comunicación. Lo primero y más importante es que yo, en un sitio de alto riesgo en el que podía contagiarme y acabar contrayendo la temida enfermedad, sobreviví y pude salvarme (dios sabe como). Y eso que los virus acechaban a mi alrededor y casi los podía ver flotar en el ambiente. Lo de Monet es secundario, por supuesto.

Yo no menosprecio la importancia de la prevención de las enfermedades ni tengo nada en contra de los asuntos sanitarios. Dicho de otro modo: no odio a los médicos y voy a mi doctora de cabecera cuando lo necesito. Tomo ibuprofeno durante la menstruación y paracetamol para las jaquecas. Sin embargo, tengo muy en cuenta algo que nos contaron en la Facultad: el primer poder económico del mundo son las farmacéuticas.

Juegan con algo que es fundamental para las personas: la salud. Y contra eso no se puede competir. De hecho, la industria farmacéutica es uno de los pocos sectores que han esquivado la crisis, ya que las medicinas son los únicos elementos de los que no se puede prescindir. Por eso, pongo en 'cuarentena' todas las informaciones que impliquen pandemias víricas por las que morirá un tercio de la población mundial si no se hace nada al respecto.

Sin embargo, los medios de comunicación no son tan precavidos. En grandes titulares, anuncian cada nueva muerte por H1N1 y dan cifras monstruosas de futuras infecciones. El resultado se observa en el gráfico: la línea azul de la primera tabla es la evolución de las búsquedas de 'gripe porcina'. ¿Veis que tiene un pico y luego baja? Es que nos dijeron que ya no se llamaba 'porcina': la nueva denominación era 'Gripe A' (su evolución, en la segunda gráfica).

Los periodistas se 'contagian' de estas informaciones y las retrasmiten sin contextualizar ni relativizar. De hecho, una compañera de periodismo, que trabaja en un medio digital, copió en Facebook el enlace a una noticia suya sobre el tema, titulando el asunto en esta red como 'Tú puedes ser el siguiente'. De los tres comentarios que tuvo ese enlace, dos hacían notar lo rápido que se estaba extendiendo y la posibilidad de contraer el virus. El otro era mío.

Pero no todo es así. En el blog de otro compañero encontramos datos comparativos de gripe e intereses económicos. Si no queremos entrar en teorías conspirativas, quedémonos con un dato: la gripe común se lleva a 3.000 personas todos los años y, hasta ahora, siempre hemos saludado con dos besos y estornudado con cuidado.

Como he dicho, no se trata de demonizar a la actividad médica ni de quitarle valor. Pero tampoco se debe vivir con miedo y una mascarilla. ¿Por qué no pensamos por nosotros mismos y no sobre lo que nos dicen que debemos pensar?

Hasta mañana a las ocho.


"Tailandia nos espera y de la mejor manera... Un mes por delante para sentir!"


28 de agosto


Una amiga de Facebook (compañera de la universidad en la vida real) comparte, en su tablón, los planes para lo que queda del verano. Aunque su caso es distinto, ya que está viviendo en China (y su rutina no es como la nuestra), las redes sociales contraponen fotos de gente en bañador con nicks que calculan la cuenta atrás para olvidar el trabajo y la ciudad. Y es que Facebook es un reflejo de los cambios de en la sociedad: ya no concentramos las vacaciones en agosto y hay quien busca el fresquito de septiembre (y, como no, los precios menos abusivos en hostelería y ocio) para relajarse y olvidar las preocupaciones.

Aunque en menor escala, en nuestra empresa también se aprecian estas diferencias. Una de mis amigas acaba de terminar unos días libres y la otra se va dentro de dos semanas, bien entrado septiembre. Yo, por mi parte, preferí irme a principios de julio. En resumen, que sin tener que discutir fechas (para no coincidir y poder mantener abierta la empresa en verano), cada una de nosotras ha elegido sus vacaciones de manera bastante dispersa.

Como decía, yo me fui a principios de la temporada estival. Para entonces, mi novio tenía una semana libre pero yo no confirmé si podría tomarme esos días hasta el último momento, porque una de las principales desventajas de llevar tu negocio es la dificultad para hacer planes a largo plazo. El resultado fue que supe que tenía vacaciones el mismo día que las empezaba, con lo que no pudimos reservar en ningún sitio ni tener ningún plan fijado.

Por ello, llenamos el coche de comida, metimos una colchoneta hinchable y un saco de dormir, y salimos de madrugada rumbo a Francia. Por el camino decidimos la ruta: recorreríamos la costa mediterránea francesa hasta llegar a Mónaco. En las más de diez horas que pasamos en el Golf ese día nos dió tiempo a perfilar las ciudades que nos apetecía ver y organizar los siete días que teníamos por delante.

La primera parada que hicimos después de esa jornada de conducción intensiva fue, de hecho, el lugar que más me gustó de todo el recorrido: Collioure. Es una pequeña ciudad costera, muy cerca de la frontera, bulliciosa por la mañana y tranquila por la noche. Uno de esos lugares en los que me imagino pasando unos meses sabáticos, dedicados exclusivamente a escribir y a leer en el puerto o en el paseo marítimo. Supongo que el hecho de que Antonio Machado esté enterrado en el cementerio de la ciudad alimenta el (poco) espíritu escritor que aún me queda después de terminar la carrera...

Las siguientes visitas que hicimos en la región Languedoc-Roussillon fueron Perpignan, que no la recomiendo porque me pareció vacía y poco interesante; el castillo de Peyrepertuse, una de las cientas de edificaciones que conforman el pasado cátaro de la zona; la ciudad medieval de Carcassonne, que te transporta al medievo francés, aunque lleno de turistas con cámaras de fotos; y Montpellier, la cara opuesta de Carcassonne, más ajetreada y cosmopolita.

Cruzamos a la región de la Provenza haciendo una parada en Marsella para ir luego, directamente, hacia Niza, donde nos establecimos dos días en un camping entre esta ciudad y Cannes, porque queríamos recorrernos la zona y acercarnos a Mónaco.

En total, cerca de 3.000 kilómetros, más de 24 horas íntegras de conducción, dos noches de camping, dos de hotel y otras dos pernoctaciones en el Golf, alrededor de 100 euros de peajes, otro tanto (más alto) de gasolina y nueve ciudades visitadas. ¿Lo mejor? La sensación de libertad que tienen los viajes no organizados y, por supuesto, la compañía.

He dejado constancia de todo lo anterior en mis perfiles sociales, donde están colgadas las fotografías del viaje, al igual que han hecho la mayor parte de mis amigos virtuales. Como dice una amiga mía, "al final, to' se sabe". Y es que mis fotos, como los comentarios de mi amiga que se va a Tailandia, permiten componer el disperso calendario de vacaciones de todos nuestros contactos.

Nos vemos el lunes a las ocho.




"¡Muchas Gracias Aramís por tu infinita sapiencia!"


Jueves, 27 de agosto


Una predicción de Aramis Fuster reina la revisión de mis redes sociales. Recomienda a un amigo que, si tiene una cita, nunca olvide el chandal con los tacones porque así triunfará seguro. Parece que una nueva moda ha sustituído las galletas de la fortuna que inundaban los tablones de Facebook por las consultas a personajes televisivos como Belén Esteban o Aramís. La Choni se suma a estas asesoras, aconsejando cosas como que compremos ropa interior negra porque es más difícil que se vean las manchas o que cualquier color combina con el amarillo fosforito.
Me llama la atención cómo evolucionan las tendencias. El horóscopo de las revistas y periódicos se ha transformado en galletas consejeras que saben cómo te irá el día o cuál es la decisión más acertada en el terreno amoroso.

Yo solía leer el horóscopo del ya extinguido diario Metro mientras iba hacia la universidad. No sólo eso, sino que mis amigas y yo hacíamos un estudio pormenorizado de nuestro futuro, comparando los tres o cuatro periódicos gratuitos que nos dejaban otros madrugadores trabajadores en los asientos vacíos. Una hora de transporte público (autobús primero, cercanías después) nos daba para entender que es muy difícil compaginar "ser reina de la noche y no pasar por casa porque esta semana será la nuestra" con "no perder de vista a nuestros hijos ya que podrán tener un resfriado" (resfriado, que no gripe, no vayamos a poner al pobre niño en cuarentena por tener posibles síntomas del virus H1N1). Uno de los mejores fue 'Salud: vigila tus axilas'. Ajá. No las perderé de vista. No vaya a ser que sean ellas las que se conviertan en las reinas de la noche mientras yo voy curando niños por ahí...

Poniendo por delante que nunca he creído en este tipo de predicciones, uno de los mejores recuerdos de mi paso por la universidad es la lectura en voz alta de los gratuitos. No sufríamos los atascos del Madrid de las ocho, los disfrutábamos, absortas como estábamos en comentar los resultados de los adivinos, resaltar los titulares sensacionalistas de estos diarios y comparar opiniones sobre cualquier tema de actualidad. En este camino debatíamos, escuchábamos, analizábamos, reíamos, estudiábamos y, sobre todo, crecíamos.

Y dos años después de dejar esa época, me encuentro en una oficina con dos de esas personas que iban a mi lado en el autobús, que ahora no sólo son mis mejores amigas, sino que comparto con ellas un proyecto propio que día a día vamos sacando adelante.

Supongo que el becario que escribía los horóscopos no sabía que estaba contribuyendo a todo esto. Yo, por mi parte, intentaré no quejarme de las predicciones de Aramís que abarrotan mi tablón porque ¿quién me dice que no hay otras tres personas comentándolas, comparándolas y riéndose con ellas?

Hasta mañana a las ocho.

"goodnight lovers. una breve etapa se cerró. gracias anyway ;)"


Miércoles, 26 de agosto


Una amiga me dijo una vez que las cosas que requieren constancia no deben comenzarse en lunes. Hoy, miércoles, comienzo este blog, comprometiéndome a dedicar la primera media hora de mi jornada laboral a escribirlo. En orden, será lo que haga después de revisar el correo de empresa, mis redes sociales y los diarios y blogs que sigo. El título de cada post será, de hecho, la última publicación que encuentre en el tablón de inicio del Facebook, Tuenti o Twitter.
Soy periodista de profesión e inconstante de carácter. Lo primero quiere decir que me gusta escribir. Lo segundo, que alterno épocas de lectura y escritura insaciable con otras de sequía absoluta. Por ello, paciencia.

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