
"Happy birthday Pattie"

"Psicología del color"


"Marzo ¿blanco?"

"Mafalda"


"¿Qué son esas cajas con papel?"

"Hasta el 88% dto en..."

"¿Quieres ir al pre-estreno de Blancanieves?"

"Felicidades por sus luchas"
"... Y miércoles que empiezan de aquella manera..."

"Tienen algo en común"

"Instalando Democracia 2.0"
Nuestra generación -esa que está expuesta diariamente a un aluvión de tweets, decenas de comentarios en Fb y que 'menea' las noticias que realmente le interesan- se ha dado cuenta de que sus posibilidades comunicativas van más allá de fuerzas políticas, entidades económicas o lobbies de presión. Hemos descubierto el talón de Aquiles de cualquier poderoso: la posibilidad de informar y de ser informado. Y ante eso, poco se puede hacer.
Hemos despertado. Aquí estamos.
#spanishrevolution
#acampadasol
#nonosvamos
#yeswecamp
"Cada mañana bostezas, amenazas al despertador..."
"Criticando Bolonia y el sistema educativo"
Volviendo de golpe a abril de 2011, me encuentro frente al post de un amigo que acaba de superar la barrera de la Selectividad y estrenó en septiembre su etapa universitaria. En él, cuestiona la valía de los centros docentes actuales y, además, introduce unas notas agridulces sobre la importancia de los títulos universitarios. Mientras leo, se refuerza en mí la sensación de irrealidad educativa que llevo experimentando desde hace bastante tiempo y cuyo espejismo social será difícil de eliminar.
Parto de dos premisas: el 'sí o sí' de un título universitario como desarrollo personal y profesional y el desinterés como base de nuestro sistema educativo. Comienzo por el primer concepto.
La ‘titulitis’ o burbuja educativa
Imaginemos que estamos en el año 2003 y Susanita, que nació en 1985, está en segundo de Bachillerato. Como comentaba al principio, en este curso no son raras las disertaciones entorno al 'Y tú, ¿qué quieres estudiar?’. Susanita nunca se había planteado seriamente hacia donde llevar su vida porque su objetivo era aprobar las asignaturas del colegio y el instituto. Lo que sí que tenía claro era que iba a ir a la universidad. Y es que estudiar una licenciatura era lo lógico, era la evolución que le habían inculcado en el colegio, en casa y en los círculos de sus amistades.
Dejar el instituto en cuarto de la ESO era terrible y se miraba con pena a quien lo hacía, aunque fuera para estudiar una FP. A quien quiere dedicarse a la informática no le recomendaban hacer un módulo: le mandaban de cabeza a la universidad, y si podía dar el salto de la técnica a la superior, mejor que mejor. Por eso, si aún hoy preguntamos en colegios e institutos, la mayor parte de los estudiantes te comentarán que su futuro está en una carrera universitaria pero desconocerán si existe algún tipo de Formación Profesional que se ajuste más a sus gustos y a sus capacidades e, incluso, al trabajo ideal que tienen en la cabeza.Así, Susanita entra en ADE como podría haber entrado en Ingeniería Industrial –su segunda opción-, o Traducción e interpretación –la tercera-. Pero la necesidad del 'estudio por el estudio' no acaba ahí. Cuando se gradúa en la universidad, el agobio de segundo de Bachillerato regresa. ¿Ahora qué? Frente a ella se encuentra el precipicio del trabajo. Y echando un ojo, Susanita ve que las ofertas relacionadas con su titulación están copadas por otros estudiantes que han rematado su carrera con un máster, así que decide alargar los estudios un poco más.
Cuando vuelve al mercado, en 2011, más allá de la barrera de los 26 años, Susanita se topa con empresas que, además de pedirle títulos, idiomas y manejo de programas, quieren que tenga experiencia profesional, algo de lo que carece porque lo importante eran los estudios. Pero hay mucha demanda de empleo y muy poca oferta, por lo que Susanita lucha por un puesto en el que le pagan 18.000 euros. Sobra decir que nunca utilizará ninguno de los conceptos teóricos que aprendió en la universidad ni ejercitará nada de lo que hizo en el master, puesto que sus jefes prefieren que comience haciendo papeleo y respondiendo al teléfono.
En cualquier caso, Susanita ha tenido suerte. Había poca oferta y mucha demanda, además, excesivamente formada en la teoría. Eso sí, en algo que no tenía nada que ver con lo que está haciendo Susanita, ya que un grado de FP de administrativo hubiera sido más efectivo para cubrir su puesto. Pero, ¿por qué elegir a un chaval con módulo si puedes contratar a una persona con carrera y máster por el mismo precio?Evidentemente, la culpa no es única y exclusivamente de Susanita. Hemos llegado a un punto que la ‘Titulitis’ española se ha convertido en algo endémico y, siendo pesimista, muy difícil de curar. Nos creemos mejores por tener una carrera o dos y por haber estudiado un postgrado. Clamamos al cielo gritando el número de idiomas que sabemos y queremos que se nos recompense por ello. De lo que no nos damos cuenta es de que estamos, claramente, en un punto de ‘burbuja educativa’.
Porque cada año miles de Susanitas entran en una carrera concreta en todas nuestras universidades. Cuando salgan, la oferta de trabajo será muy inferior a la demanda, por lo que el precio que se pagará por cada Susanita será bastante más bajo de lo que se esperaría de una persona de sus características. Ahí está, una Susanita con un montón de estudios a sus espaldas y tan poco valorada como si no hubiera estudiado nada en absoluto.
El desinterés
Lo peor del asunto es que Susanita y el resto de los españoles y españolas asociamos este tipo de formación con el éxito, y el éxito con el dinero. Y aquí viene la segunda clave de la situación actual: el desinterés.
No lo aplico a todo el mundo, evidentemente, pero muchas personas que me he encontrado durante mi etapa universitaria carecían de inquietudes y no querían más conocimiento que el que se supone que te atribuye la universidad. En pocas palabras: ‘yo apruebo mis asignaturas y el resto ya se verá. Total, lo que me van a pedir es la titulación…’. Y así estábamos, copiando lo que iba leyendo el profesor en una situación de lo más absurda (sobre todo, existiendo Internet y las impresoras).
¿Está mal formarse? Es absolutamente necesario. Pero existe formación más allá de las aulas universitarias. He de decir, incluso, que las personas con mentes inquietas, como comenta mi amigo, tendrán interés en evolucionar más allá del contexto en el que se encuentren. De hecho, para mi sorpresa, algunos de los mejores profesionales con los que me he cruzado no tienen terminada su carrera o hicieron un ciclo formativo como especialidad.
Que no se me malinterprete. No estoy echando por tierra las carreras universitarias. Pero quiero que quede claro que no creo ni creeré nunca en el ‘estudiar por estudiar’. Hay que aprender, crecer, mejorar. Somos una de las generaciones mejor preparadas de nuestra historia, sí, pero ni sabemos tanto como pensamos, ni somos tan buenos, ni dominamos tantos idiomas. Aún nos queda mucho por aprender.
Y sólo cuando cuando seamos conscientes de que nuestro valor es lo que sabemos y saquemos partido a nuestras cualidades (tengamos más o menos títulos colgados de la pared de nuestra habitación), podremos hablar de Educación, con mayúscula.
Nos vemos a las ocho.
"Lunes, lluvia y linea 1 a reventar"
En Munich experimenté -brevemente, eso sí- la experiencia erasmus que nunca tuve. En cuarto de carrera preferí las prácticas profesionales a pasar un año en el extranjero y, aunque creo que fue una buena decisión, a veces viene a mi el fantasma del 'y si me hubiese ido a Francia...'.
Ya no puedo dar marcha atrás, así que las conversaciones paralelas en varios idiomas, el conocer a gente de aquí y de allí, el adaptarte a otros sabores, el desconectar de tu ciudad y tu manera de vivir, el abrir tu mente a otra mentalidad, son cosas que quedan bastante lejos de mi yo actual.
Por eso, siento que vuelvo a España más tonta que cuando me fui. Yo, que siempre he adorado los idiomas, he sido incapaz de lanzarme a la piscina y recordar mi alemán o chapurrear el inglés, como sería lógico que hiciera alguien que lleva estudiando el 'present simple' desde los cuatro años. En Alemania me he quedado muda, qué irónico en mí.
Pero ahí estaba, sin hablar, escuchando como todo mi alrededor hablaba de horarios, exámenes, vacaciones. Y me he sorprendido a mi misma suspirando por pasar tardes enteras estudiando en la biblioteca.
Qué raro es tener morriña de algo que nunca has vivido.
Nos vemos mañana, a las ocho.
"Tengo abandonado el twittermundo, horreur!"
"Se recomienda el uso del transporte público por los altos niveles de contaminación"

Hasta mañana, a las ocho.
"Un manual para que los soldados sepan usar Facebook y Twitter"

"Nacho Vigalondo anuncia que cierran su blog"
Llevo casi dos años escribiendo sobre la última públicación que aparece en cualquiera de mis redes sociales a primera hora de la mañana. Irónicamente, revistando todos mis posts, no encuentro ninguno que profundice sobre esta fuente de información. Simplemente tomo la frase al azar que aparece frente a mis ojos y la relaciono con mi propia existencia, hablando de mi trabajo, de mis aficiones, de mis amistades o del tiempo meteorológico. Total, las redes sociales son sólo mi excusa.
Es una pena porque Facebook o Twitter van más allá. No hay más que remontarse muy atrás en el tiempo para ver su relevancia. Esta semana, por ejemplo, Bisbal se ha enfrentado a una burla genaralizada por su comentario sobre los sucesos en Egipto y #turismobisbal se ha convertido en el trending topic de los últimos días.
Lo último, el cierre del blog que Nacho Vigalondo tenía en elpais.com debido a uno de sus tweets. Lo que él explica como una especie de experimento socioógico derivado de llegar a los 50.000 seguidores en su perfil de Twitter, fue tomado por los medios de comunicación como un comentario antisemita. Y así, de buenas a primeras, el director vió como se le echaba encima la opinión pública, influenciados por titulares como Nacho Vigalondo encrespa Twitter por decir que el Holocausto fue un montaje.
En el penúltimo post de su blog, Vigalondo se plantea a partir de qué cifra el twittero debe limitar sus pensamientos y quién establece el límite de expresión personal. Es decir, hasta que punto la persona tiene que tener en cuenta la interpretación que se hará de sus publicaciones y el uso de esa interpretación.
La palabra clave en esta cuestión es la contextualización. Twitter y Facebook se nutren de muchos comentarios arrancados de su hábitat natural -espacio y población que lo generó- que son arrojados a una red formada por muchos ecosistemas diferentes. En esa maraña, la oración puede perder el significado con el que nació e, incluso, malinterpretarse. Sería algo así como las frases sueltas que se cazan en el metro, mientras dos personas conversan.
Yo misma, sin ir más lejos -y en una comparación bastante mala, puesto que tengo 298 amigos en Fb frente a los 30.000 de Vigalondo-, escribo comentarios en mi muro derivados de conversaciones y situaciones que vivo con las personas de mi alrededor pero que, para quien no tenga ese contexto, carecen del sentido con el que yo los publiqué.
No me refiero solamente a uno del tipo 'El desenladrillador que la desenladrille, buen desenladrillador será' que comentó ayer mi amiga-socia-compañera de trabajo en un momento de desesperación laboral total y que, en vez de comprenderse como tal, tiene varios 'Me gusta' y un simpático 'Oh, yeah'. No. Hago alusión, por ejemplo, a otros como 'Ha vuelto la Blanca taurina' (un día que me dió por tararear pasodobles), que podría costarme varios clientes que estén en contra de la fiesta nacional.
Eso siendo yo poco polémica. Un amigo de la universidad -al que, por cierto, admiro bastante-, escribe auténticas barbaridades en Fb. Sacadas de contexto y sin comprender el humor negro de mi compañero, podría tener bastantes problemas. ¿Debe mi amigo, por tanto, abandonar su humor negro en Fb y limitarlo sólo a las reuniones sociales?
Evidentemente, en el caso de Vigalondo hay que ir más allá. Al ser un personaje público, los comentarios traspasan la frontera de los amigos y conocidos para alcanzar a los medios de comunicación, tan pendientes ultimamente de las redes sociales.
En ese sentido, ¿son Twitter o Facebook un recurso para completar las noticias o los medios las utilizan para generarlas? Parafraseando a Vigalondo, ¿hay que impedir que de nuestras redes sociales puedan brotar noticias como si fuesen tomates o hay que impedir que la prensa pueda plantar tomates en twitter a su libre albedrío?
Me asaltan, por tanto, dos grandes dudas. La primera es la que se refiere a la reeducación en la utilización de las redes sociales. ¿Comprendemos que el receptor del mensaje es completamente diferente a lo que hemos conocido hasta el momento? Es decir, que en nuestra vida habitual, nosotros cambiamos el discurso si nos dirigimos a familiares, a amigos o a compañeros de trabajo. Y medios de comunicación, si eres un personaje público. Las redes sociales, en cambio, aglutinan toda esta audiencia convirtiéndola en una. ¿Estamos preparados para asumir esta nueva realidad? ¿Quién debe enseñarnos?
La segunda cuestión tiene que ver con las fuentes de las que hacen uso los periodistas. Está claro cierto que Twitter es una herramienta FUNDAMENTAL para la cobertura de muchas noticias. Pero también es cierto que es origen de muchas de ellas. Volviendo a Vigalondo, el periodista puede 'plantar tomates en Twitter', o sea, puede sacar una noticia de donde no la había. Por lo tanto, si el usuario de las redes sociales debe adaptarse y comprender la nueva realidad comunicacional, ¿el periodista no deberá comprender que este medio de expresión no es una declaración oral ni un comunicado de prensa?
Mañana a las ocho estaré, como siempre, en mis redes sociales.
"Confirmar solicitud de amistad"
"Muerta, pero agradecidísima"

'Parece que han borrado el Madrid que se veía tras mi ventana'

Inicio mi segunda semana de trabajo del año haciendo lo propio desde casa, lo que no evita que siga mis costumbres y revise mis redes sociales y páginas preferidas antes de ponerme al tajo.
Aunque suelo apurar más la cama cuando no voy a la oficina, hoy he decidido levantarme antes para intentar terminar un proyecto que corre prisa. Por eso, mientras preparaba el café para desayunar con mi novio, la calle estaba oscura y apenas se veía nada.
Ahora, una hora después, me desperezo en la silla mientras miro a través de la ventana de la habitación del ordenador. Pego un respingo: Madrid ha desaparecido detrás del muro de la terraza de mi ático. No hay edificios, ni luces, ni contaminación. No está mi barrio ni se ven los arbolitos del Retiro, que deberían sobresalir entre las casas del horizonte. No hay cielo, ni tierra, ni la sierra al fondo. No hay nada.
En su lugar, un blanco grisáceo, propio del papel reciclado, ocupa el espacio. Todo es blanco. Me pongo de pie para asomarme mejor a la ventana y poder ver la acera, pero ese color lo ha inundado todo y el suelo de Madrid no existe. Es como si alguien hubiera madrugado más que yo para borrar la ciudad.
Qué extraño panorama. Veo los bancos de mi terraza, rodeando la pequeña mesa de madera, y hoy me resultan fuera de lugar. Parece que esperan, en silencio, a que alguien termine de pintar el cuadro, totalmente blanco tras ellos, y decida si el cielo será azul o habrá nubes. Entonces, ellos colorearán sus tejidos y volverán a ser muebles de terraza porque hoy tienen una rara tonalidad incolora que, unida a la falta de sombra que produce la niebla, les da un aire de catálogo un tanto fantasmagórico.
Y aquí, metida en casa, rodeada de niebla, tengo una sensación rara. No veo nada, no oigo nada. La niebla también se ha llevado los sonidos y el ruido de Madrid ha desaparecido. Me siento presa de mi propia habitación, como si el mundo hubiera desaparecido detrás del cristal. ¿Hay alguien ahí fuera?
Nos ¿vemos? mañana, a las ocho.
¡Feliz 2011!
"Gute Nacht und bis Januar, Múnchen!"
"Bialetti en Privalia"
Como ya dejé caer en un post, otra de mis rutinas al llegar a la oficina es revisar a fondo varias páginas de compras privadas, como BuyVip, Vente Privé y Privalia. Evidentemente, lo hago por perder el tiempo porque no soy de las que adquieren ropa o zapatos sin habérselos probado antes. Sólo he hecho tres compras y no tienen nada que ver con indumentaria: una batidora, una colección de dvds y varios vales para albumes digitales.
Antes de continuar, voy a pegar un salto de quince días en el tiempo. Hace medio mes, justo la semana en la que iban a venir los amigos de mi novio a casa, tomé una decisión que me llevo rumiando los tres últimos años de mi vida. Descolgué el teléfono y encargué un juego de café de seis servicios que he estado viendo en el escaparate de una tienda de Córdoba desde la primera vez que bajé a conocer la ciudad de mi novio.
Como ese fin de semana venían mis visitantes cordobeses, me aproveché de ellos para que hicieran de transportistas del paquete. Y así tuve mis queridas tazas en Madrid al módico precio de 70 euros.
Vuelvo al presente. Esta mañana, como todas, he abierto mi perfil de Facebook, el de Tuenti, mis correos y, finalmente, las páginas de compra online. No tengo que seguir la narración para que hiléis la historia. Sí, allí, en la pantalla del ordenador, estaba un conjunto de seis tazas que imitaban perfectamente aquellas que yo había comprado hacía dos semanas. Y, como no, por 11 euros.
Nos vemos mañana, a las ocho.
PD: Me he comprado unas moradas, ¿qué pasa? Nunca se sabe cuando se van a romper las caras.
"no pensaba que poner un árbol de navidad fuera tan complicado!!!"
Nada más subir por la boca de metro de Sol, de bruces, sin haberme preparado para ello, me choqué con la navidad. Porque resulta que el primer fin de semana de diciembre, a casi un mes para que los pastores adoren al niño, la navidad está en pleno apogeo en el centro de las ciudades.
Madrid, claro, no iba a quedarse atrás. En frente de la puerta del Sol, el mismo abeto del año pasado, de grandes corazones rojos. Todo su alrededor abarrotado de puestos ambulantes de venta de lotería, de esos que aseguran que tienen boletos de 'Doña Manolita'. Comprando en ellos y haciendo cola en la ventanilla de 'La lotería de los Gordos', decenas de gorros navideños que repiten tendencia 'Cabeza reno' e innovan en 'Gorro papa noel fantasía', como moda 'Plaza Mayor 2010' (por cierto, he de decir que la primera vez que vi un niño con un gorro Cabeza de reno el año pasado, me acojoné, porque me pareció que el niño tenía realmente testa de animal). Encima de nosotros, luces. Eso sí, todas de leds, que contaminan menos y son más baratas. Y en la trasera del Corte Inglés, como no, Cortilandia (Coooortilandia, vamos todos a cantaaaaaaar') que este año ha recurrido a los tópicos nacionales entre canción y canción.
Pero, ante todo, gente. Gente, gente y más gente. No sé si estoy hecha para la navidad ni para el centro de Madrid.
Nos vemos mañana, a las ocho.
"Para empezar la mañana: foro en el que se dan de palos para limpiar la moqueta"
Nos vemos el martes que viene, a las ocho.
"Un poco de desayuno fuerte"
Después de adelantar la hora del desayuno porque mi amiga-socia-compañera de trabajo hoy trabaja desde su casa (allá, al otro lado de la nevada sierra), mi otra amiga-socia compañera de trabajo y yo hemos tomado las fuerzas necesarias para afrontar el largo día de trabajo que tenemos por delante.
Deseadnos suerte.
Nos vemos mañana, a las ocho.
"Me voy de puente!!!!"

No es verdad. Uno de mis contactos se va de puente pero yo me quedo en Madrid. El fin de semana vienen unos amigos de mi novio a los que les gusta Madrid en Navidad (no como a los madrileños, que nos dan una fiesta y huímos de la capital) y desde hace cuatro años vienen a vernos durante el puente de diciembre.
Les prometí que iba a tener preparada una visita en condiciones porque siempren vienen y tengo trabajo. ¿La realidad? Este año vienen y también tengo trabajo. En cualquier caso, comencé a prepararme la historia de la ciudad para hacerles un pequeño recorrido por las calles más típicas. Me quedé en la la conquista musulmana, vale, pero la intención es lo que cuenta. Aún conservo la esperanza de llegar a los Borbones en los próximos dos días.
Por el momento, tienen en su agenda un partido del Madrid de baloncesto, una visita a Faunia, una explicación por el museo del Prado, cañas y tapas por el centro y una tarde en el billar. Si tenéis alguna sugerencia para incluir algo más castizo en su plan y queréis facilitarme las cosas, ya sabéis donde se escriben los comentarios.
Hasta mañana, a las ocho (porque no, no tengo puente)
"Manita blaugrana sobre el cogote de un Madrid desdibujado"
Sí. Ayer ganó el Barça. Y yo voy a dejar a un lado mis sentimientos madridistas para trasmitir los comentarios futbolísticos que dominann todo mi muro de Facebook. Por cierto, me he dado cuenta que tengo demasiados amigos culés...
- «Manita» blaugrana sobre el cogote de un Madrid desdibujado
- Pase lo que pase, SIEMPRE REAL MADRID.
- Disfrutad culés, pero hoy lo único que habéis logrado es recuperar los 3 puntos perdidos contra el Hércules. Más allá de humillaciones puntuales, el Madrid solo queda a 2 puntos. Y este partido va a marcar un antes y un después...
- ¡Mourinho, sal del banquillo!
- Manotazo a Maourinho con la manita abierta
- ¡5-0!ASI ASI ASI PIERDE EL MADRID, CON UNA MOUNITA!!
- And the Oscar goes to... Messi!!!!!
- Pues eso... Que viva la filosofía de Pep...
- La desaparición de Leslie Nielsen y su cabellera blanca tenía que significar algo. Era una premonición.
- Feliz Navidad a todos los Madridistas, pedir toallas portuguesas para Papa Noel, que ahora estan de rebajas!!!
- Porque nevar blaugrana es un tanto difícil. ¡Amos, Barça!
- Señoras culés que se integran en un grupo de amigos, azuzan a las aficiones con insultos y llaman "mi chiquitín" a Messi
- ¿cómo era esto? AH! Sí, cinco cero. 5-0.
- Obra maestra en el teatro del Camp Nou
- Toma rima!
- "Partido patrocinado por Mou 5 estrellas"
- F.C. Barcelona 5 - Real Madrid 0. ¿Qué te parece este resultado?
- CINCO!!Cinco lobitos,tiene la loba... Como seguia???? jajajajajajaja
- pufffff, no tengo palabras :-(
- El Barça está a Laporta de darle por el culo al Real Madrid.
- se va a la cama. nótese que lo hace en el descanso del encuentro. tal es su entusiasmo por el partido del milenio
- Iniesta: No tengo palabras! Espectacular! Gracias a todos!
"Qué prisa por ser los primeros"
Hacía mucho tiempo que no paraba en un semáforo y bajaba del coche corriendo para comprar el periódico en el kiosco. De hecho, desde que comenzamos la empresa y tuvimos que girarla hacia otros derroteros ajenos al periodismo, limito la prensa escrita al desayuno del fin de semana. Y, a veces, ni eso.
Pero hoy tenía ganas de comprar El País. Quería comprobar como se han planteado los más de 250.000 documentos clasificados del Departamento de Estado de los EEUU que les ha cedido Wikileaks. Es como volver a encontrarme con una información de esas que cosquillean el estómago y hacen que quieras saber más y más.
La primera vez que tuve esa sensación fue con la guerra de Irak. Leí con avidez todas las noticias sobre el tema, las recopilé y las clasifiqué cuando aún estaba en Bachillerato. Luego llegó la carrera y, con ella, las prácticas. Así, mi primera cobertura de un hecho noticioso fue en la Cadena Ser de Burgos, cuando apareció una cabeza de anciana en la cuneta de una carretera. Pasé varias horas con la compañera que estaba de guardia haciendo llamadas hasta que apareció el cuerpo. Había sido degollada por su hijo, que tenía que cuidarla.
Después de la Ser, pude cubrir otras informaciones interesantes en Europa Press y en Prisacom. Y cuando empezamos nuestra empresa, las cinco periodistas esperábamos poder elegir temas apasionantes, informativamente hablando. Todo llegará, estoy segura. De momento, vuelvo a meterme de lleno en secretos de estado y complots varios, a ver si recupero la emoción periodística perdida.
Nos vemos mañana, a las ocho.
[Me ha echo mucha ilusión saber que tengo una lectora que me ha descubierto a raiz de mi amiga-socia-compañera de trabajo y que me sigue aunque no me conozca. ¡Muchas gracias!]
"Huele a Getafe"
Martes de noviembre. Nueve menos veinte de la mañana. Hace diecisiete minutos que el tren de cercanías cerró sus puertas en Atocha, dejando fuera a una gran masa de gente que, a codazo limpio, intentaba salir de la estación de tren para llegar a su trabajo en la capital. Dentro del vagón se está muy bien. Hay sitio de sobra para sentarse y es fácil encontrar algún periódico gratuito olvidado en los asientos. Mientras hablo con mis amigas de un trabajo sobre la representabilidad de cada país en los medios de comunicación, la megafonía de renfe avisa: 'Próxima estación, las Margaritas'. El tren se para, abre sus puertas y bajamos hacia el andén. Un golpe de frío nos golpea la cara, acompañado de un olor inconfundible. Ya estamos en Getafe.
"Mientras amanece en Madrid"
Nos vemos mañana, después de que amanezca en Madrid.
"Las redes sociales relanzan la presencia del castellano en internet"
Pero allí estuvimos, mis dos amigas-socias-compañeras de trabajo y yo, saltando de una charla a otra, buscando la miga a un foro del que poco se puede aprovechar. Y un día, mientras en las salas de al lado intentaban ponerse de acuerdo sobre lo que se verá mañana, nosotras nos remontamos a los orígenes: nuestra primera experiencia informática.
Una de mis amigas-socias-compañera de trabajo recuerda perfectamente cuando entró a su casa su primer ordenador. Fue en 1997. Yo soy peor para las fechas y tengo ese dato más difuso. Lo único que tengo seguro es que la pantalla culona del PC nos recibía con el logo de Windows 95 cuando, hasta hacía nada, había que entrar en el sistema operativo mediante MS-DOS.
Resulta que en aquella época, en la que no había ni Tuenti ni existían Los Sims, aquellas que tenían unos padres más bien restrictivos con el tema de juegos, exprimían al máximo los recursos que ofrecía Windows 95. Me refiero, por supuesto, al Paint. Horas y horas frente a la pantalla del ordenador cambiando el lápiz por la brocha, modificando los colores, rellenando los espacios con el bote de pintura. Mi evolución en este campo fue descubrir que si pulsabas la tecla '+' en el teclado, el puntero crecía mientras realizabas el trazado.
Otra actividad que ofrecía gratuitamente Windows 95 era el grabador de sonido que podía registrar hasta 30 segundos de audio, lo que limitaba los programas de radio que creabamos, pero nos abría las puertas a escucharnos una y mil veces en el ordenador. O el solitario. O el buscaminas, al que jugabas sin saber por qué aparecían los números ni cuál era el sentido de encontrar la mina.
Y si te aburrías, siempre podías perder el tiempo dejando que saltara el protector de pantalla para mirar como se construía un laberinto, viajar por el universo o ver rebotar tu nombre en una especie de WordArt que cambiaba de color. Igual que los colores del reproductor de audio, que bailaban al compás de la música.
Para cuando habíamos quemado todos los recuros que ofrecía Windows 95, apareció otro gran pasatiempo: la enciclopedia Encarta. Quien la haya tenido, recordará tardes enteras aprendiendo a decir 'hola' en inglés, francés e incluso chino o descubriendo que el dicho más popular en español latino es 'Más vale pájaro en mano que ver un ciento volar'. Por no hablar de sus aplicaciones multimedia, como aquella de los instrumentos musicales del mundo o la de las órbitas de los planetas (que si la calculabas mal, explotaba). Como decía mi amiga-socia-compañera de trabajo, encima teníamos que aprender. Hay que ver...
¿Os acordáis de cuáles fueron vuestras primeras experiencias delante de un ordenador?
Nos vemos mañana, a las ocho.
Post homenaje a mis dos mejores amigas y dos grandes socias y compañeras de trabajo. ¡Qué bien lo paso con vosotras!